DossierOus: El miedo a coger el metro (introducción)

Todos perplejos con las imágenes del metro: Un presunto émulo de Bruce Lee imbuido de una filosofía en la que el hombre no era agua, ni recipiente, era pura bolinga de alcohol y toda la mierda de su vida se concentró en la punta de sus pezuñas. Y a mi que coño me importa que su madre fuera alcohólica, su padre yonqui y su abuela pastillera. Es un hartazgo oír tamaños argumentos sólo cuando pasan cosas de estas y se despierta una “conciencia social” francamente sospechosa.

Como señala Gregorio Morán, en sus Sabatinas Intempestivas de “La Vanguardia” la muchacha no nació en Catalunya, no estudió en IESE, ni hizo Filología Catalana. Por lo cual todo se limita a un tema “administrativo”, o sea: si la muchacha hubiera ido a un centro de salud de inmediato, donde le hubieran extendido certificado de lesiones y aún con el cuerpo maqueado y con las heridas del alma abriéndose, se hubiera dirigido a la comisaría y al juzgado (lugares de excelsa atención al contribuyente) hoy podría estar entrerejado el tal Sergi Xavier Martín Martínez y a la espera de justicia.
La bestia lo tendría fácil: “Señoría se me ha ido la olla, estaba bebido nen . . .” Y aqui paz y allá guerra, no quiero seguir escribiendo porque lo haría de prestado, forma elegante de plagiar, del artículo de Gregorio Morán. Localícenlo si pueden, vale el esfuerzo.

Aquí las hostias, como la suerte, van por barrios y a la hora de enfrentarse a la justicia llamarse Sergi Xavier puede dar fuelle. Coleccionamos una larga hilera de agresiones, cuchilladas y palizas en España y en Cataluña, pero igual que nos acostumbramos a ver el mercado de Bagdad lleno de menudillos restallados de jovencitos, somos capaces de entretenernos en estas minucias locales de si la abuela era alcohólica o el padre un transportista ludópata . . .

Pero todo eso deja un poso de miedo importante, el miedo es como los malos: existe de verdad, corre por la red, se pasea por las escaleras oscuras, llega a las alcobas en forma de grito desgarrador en la noche. El miedo, humano y casi consustancial al alma humana, tratan de agrandarlo y empaquetarlo, tiene efecto paralizante y sirve para evitar huelgas, reclamaciones, protestas, hablar en voz alta y escribir según qué.

Es una adormidera nada opiacea ni placentera que hace agachar la cabeza, tragar la saliva, seguir adelante y refugiarte en el “Tú a lo tuyo” de nuestros padres. Se deposita en las orejas, en los ojos, debajo de la uñas y hace sentir al sujeto una sensación importante de seguridad, de tirar adelante, de vencer a la hipoteca, de llevar con dignidad la mochila que le traspasaron los suyos, los que mintieron.
De tal guisa circulamos a milones por las calles y no nos queda tiempo para pensar en el miedo a Al Quaeda, el miedo a la desertización de España, la desecación del salobrar sureño, la fusión del glaciar que visitó Al Gore. Y un buen día abrimos la portezuela del metro y nos estallan la cara con unas botas de marca.

Nota: Queremos empezar la temporada de invierno para publicar pequeñas reflexiones, irreflejas a veces, sobre el miedo. DossierOus tratará de que, en la víspera de Navidad, usted salga a la calle sin miedo a casi nada y con su mente relajada. Todo lo que publiquemos aqui tiene un solo objetivo: hacer más llevadera su comida familiar de Navidad.

2 comentarios en “DossierOus: El miedo a coger el metro (introducción)”

  1. pues is, vaya mierda, vaya mierda de machaque con las putas imágenes del tio del metro y la patada a la emigrante!!!

    Definitivamente, los medios informativos ya no me ofrecen ninguna garantía de información, se han convertido en entretenimiento, lanzánndose a la cultura del espectáculo, como si de un videojuego o una película de acción se tratara.
    Se han apuntado desde la Quintana al Cuní, todos los informativos, todos los comentaristas, de todos los colores y perfiles…qué gente!!

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