DossierOus 1: El miedo es medio y mensaje. La bestia que nos habita.

El escenario del miedo es su propio medio. Del magma confuso de cataclismos anunciados, decubiertos o falsariamene revelados surge la impronta en el inconsciente colectivo. Pero hay que diferenciar, hay un miedo ancestral que viene de la caverna donde nos originamos. La oscuridad, la confusión, los sonidos no reconocidos. El miedo a lo animal, el animal que habita fuera ulula llamando al animal que habita dentro y que duda de domesticarse. Guarecerse es la forma desarrollar la domesticación de uno mismo, ponerse a cubierto, rodearse de defensas tanto materiales como del alma. Pero cada noche: puntual como el ocaso, el animal llama, se agita, nos agita, sabe que andamos ahí y husmea nuestro espiritu confuso.

 

Otras noches el animal opta por silenciarse, hacerse el desaparecido. Esta noche nuestro miedo aumentará. La evidencia de no escuchar sus pisadas, el vacío de su ausencia vibrante nos lo hará más cercano. Emboscado en el pasillo, acechante bajo la cama. Lo intentaremos buscar en los ruidos de la noche, pero ninguno será él. Optaremos por el sueño y tomaremos las rutas de morfeo, asidos al bastón del realismo, autoconvencidos de que no pasará nada, pero sabiendo que si aparece en el sueño el zarpazo puede ser peor, porque ahi te pilla con el raciocinio bajo y pasta por los prados de nuestras pulsiones. No estamos a salvo, el miedo campa, migra y regurgita. No es una imagen típicamente ansiosa. El miedo puede sonreírte sentado en un parque con un cigarro en la mano, te abre la puerta de la escalera, te recoge una moneda que se te ha caído y cuando mira a los ojos sabes que es él, de nuevo, te avisa que va de fiesta y que es su dia libre. Pero la tradición cristiano-judía te recuerda siempre que está, es un seguro para comprar tu piedad, tu golpe sobre el pecho, tu arrepentimiento, tu obediencia temerosa. No seremo fútiles, procuraremos no serlo achacándole a lo religioso el origen de los miedos. El miedo es mucho más antiguo, pero si lo escenificamos en un animal nosotros tenemos otro, ese mismo que él pretende domesticar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *