DossierOus (4): El miedo a la guerra.

Fue letalmente palpable, dejó en las cunetas a suficientes millares como para helar la sangre de roja de los rojos o de los que no lo eran y pasaron por allí. Hoy Franco no nos da miedo pero es un “Papus” palpable que se pasea por los resquicios de la memoria de varias generaciones. Sopla junto a la lumbre, se cuela entre las copas de la tertulia festiva. Resurge como fantasma de Meirásville. Jodió la vida de nuestros padres y abuelos, le bajó las bragas a la República y descerrajó el reestrenado régimen instaurado el 14 de Abril de 1931.

Pero no se extrañen ustedes de nada, detrás de él está lo peor: una guerra. Un crisol del hambre los abusos y la violencia disfrazada de ideas. Pero somos Ous y estamos en Europa. Hablen ustedes con un jubilado francés, que les cuente como fue la segunda mundial, lo que pasaron, lo que vivieron. Pisen la Rusia putinesca y no olviden que murieron millones de rusos para liberar Europa. En Etiopía y Libia aún odian a los italianos de Mussolini.

 

Es un miedo de poca broma: la guerra. Siempre vuelve, siempre azota. Dejamos ramas de nuestro árbol genealógico en los campos de Verdún en la primera gran guerra, la trágica linea Maginot que había de blindar Francia, en Argelés, algunos no pasaron de Colliure (como Machado). Toda una generación nacida en los 50 descubrimos la honestidad del protagonista de “Crónica del Alba” autoinmolándose sin ingerir sustento, en esa hermosa trilogía de Ramón J. Sender. Francamente, y qué mejor día para decirlo, ese miedo es ya pequeño y ahora debemos combatir los que nos crecen y mentamos en este blog muchas veces, porque sufrimos del miedo a que no se detecten los verdaderos fenómenos actuales para deslavazar miedos del alma y miedos inducidos, en eso estamos, y seguiremos.

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