DossierOus (y 5): A modo de consejo, no pierda todo el miedo.

“El bueno, el feo y el malo” fue una santísima Trinidad de celuloide que estremeció las pantallas de los sesenta. El feo era el punto medio dudoso. Un tipo ruin por su aspecto y que acostumbraba a ser un repelente de simpatías, a su paso huían las buenas gentes. El malo no ofrecía dudas, todos tenemos un malo para arrearle sopapos y más en estas ferias navideñas: puede ser Solbes, la suegra o el lotero.

Y eso viene a cuento de que aprovechamos la cercanía del rito navideño para advertirles que el miedo, sí el miedo, sigue ahí. Cerraremos esta serie recomendandoles cariñosamente sean prudentes con su autoconfianza y no la hagan volar más alla de la enjenación transitoria que les da la paga doble o el lote que les han dado.

El lote se lo da el jefe mientras ustedes posan de hinojos y les encañona con su prominencia de medidas de reajuste para el próximo ejercicio, y que penetran seriamente con un crujido de carnes laborales, claro, luego falta paz en la comida familiar. Pídanle ustedes miedo a los Reyes, nos va a hacer falta como medida de prudencia. Acabemos este intelrudio de miedo sabiendo lo que hizo “el bueno” del pueblo. Ah y no piensen que Extremadura queda lejos. Esto está lleno de “buenos” dispuestos a pasarse al miedo en un zas-zas a costa de zamparle algo. Lo dicho: un poco de miedo puede ayudar contra la imbecilidad.

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