Monogràfrica: Los devoradores de hombres del Tsavo.
Aquello que siempre ha impresionado más a los cazadores africanos, a los lectores occidentales o los guerreros nativos ha sido la terrible leyenda del león. En el cine, en las novelas, la dificultad del medio salvaje ha sido el eje central que ha tendido a presentar a intépidos exploradores, valerosos naturalistas o a nativos de la zona aunados en una comunión insomne y atribulada: el terror al rey. De todas sus capacidades cirujanas la que peor destacan quines han estado en el trance, y lo han podido contar, es el tremendo crujido de los huesos humanos enre las fauces melenosas. Ese sonido atribula, desencaja y parece interminable, algo así como si a tu lado rompen una vajilla de Sevres a mamporros. El hueso, la estructura, lo que soporta peso y presiones, se convierte en un miserable mondadientes cuyo ruido queda indeleble en una memoria dañada con ese roto del infierno. Hoy les contaremos una de verdad.

Hace poco vimos la versión televisiva de la película "The ghost and the Darkness". En ella se refleja un hecho real: la història de los devoradores de hombres del Tsavo, dos leones que en 1889 llevaron casi a la ruina a la compañía inglesa de ferrocarril. El diario de Patterson, afamado ingeniero militar, da cuenta de como montó un campamento de cuatro mil peones híndues para construir un puente que salvara el río Tsavo y abriera una ruta férrea entre Uganda y Mombasa. Encontró, junto al río, una cantera de excelente material y puso los peones a picar, ese mismo día un león mató a un obrero. Pero lo que nadie pensaba era que en un año dos leones, siempre los mismos, mataron a 159 trabajadores. Los peones marchaban, ni cazadores, ni nativos, nadie podía con ellos. Es una narración de terror real tremenda. Fue el propio Patterson con una vivencia terrorífica quien acabó con ellos. Y todos destacan lo mismo: el terror a los rugidos en la oscuridad y el crujir de los esternones de los pobres peones. El título de nuestro post está tomado del nombre del diario de Patterson.
Pero: ¿Existen los leones que atacan a los hombres como caza? No, rotundamente. ¿Luego, esta historia es real? Sí. Años más tarde se establecieron las causas: el cauce del río era el único punto de agua en cientos de kilómetros. Cuando las caravanas de esclavos procedentes del interior de àfrica llegaban a ese punto solían abandonar a los más enfermos deambulando en busca del reposo eterno, ya no eran materia de comercio. Los leones de esa zona se acostumbraron a cazar hombres moribundos. Cuano la compañía instaló su campamento fue como poner un Macdonalds a las puertas de la casa de un hambriento. El museo de Chicago conserva una detallada exposición sobre este episodio y los leones disecados junto a una valiosa colección de fotografías de Patterson. Oigo un crujido . . .
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