El pan nuestro de cada día nos den los hidrocarburos

Lo que los historiadores dieron en llamar “los episodios del pan” fueron una de las grietas económicas y sociales que precipitaron la Revolución Francesa. La caída de los precios agrícolas y posteriormente la escasez del trigo fueron un factor determinante que se sumó a la tensión generalizada por la insoportable circunstancia de mantener los privilegios feudales de la nobleza. Sea como fuere Barcelona también tuvo estallidos sociales por esa misma causa.

Desde Myannmar (Birmania) en septiembre de 2007 el hambre se amotina: Egipto, Marruecos, Filipinas y varios países africanos han sufrido distintos motines ante el aumento del precio del trigo. Un kilo de carne precisa, en crianza, diez kilos de trigo. El precio de este ha subido. paradojicamente su producción ha aumentado, pero la emergencia de clases medias ha disparado el consumo semanal de carne de pollo y de cerdo. Algunos se llevan las manos a la cabeza pensando en el tsunami que provocará la pujante clase media china. En julio de 2007 granjeros de latifundios ganaderos de los EEUU daban a sus vacas una especie de argamasa alimentaria semejante a la que servía para fabricar aperitivos de sobremesa. Otra de las causas reseñadas por los especialistas es el destino de una parte de la producción alimentaria a la fabricación de los llamados agrocarburantes (azúcar, girasol, remolacha, colza y trigo). El fondo Monetario internacional ya afirma que entre un 20% y un 50% de las cosechas mundiales de maíz y colza ya están siendo desviadas para elaborar carburantes.

Ante este panorama no nos quede duda: el pan ya no será nuestro y podemos ir acostumbrandonos a que si bien, viviendo en el “primer mundo” de momento lo tendremos cada día, aunque; eso sí, mucho más caro. O sea que el “dánosle hoy” del Padrenuestro está desaparecido, mejor encomendarse a Elf, Repsol o Shell, de ellos es el trigo, amén.

Un comentario en “El pan nuestro de cada día nos den los hidrocarburos”

  1. Cuando las grandes empresas petrolíferas (y otras multinacionales) ven acabar las existencias de la teta que los ha sobrealimentado durante años, tienen que echar el ojo a otra teta a exprimir. Resultado: biocarburantes.
    Ya han salido voces ecologistas pegando el grito al cielo sobre el coste económico, ecológico y humano que supondrá para el mundo, que casi el 50 por ciento de los cultivos se dediquen a no alimentar a las masas empobrecidas. Desdichados y “dichados” de clase media ven ahora mismo como un alimento básico incrementa su precio de forma vertiginosa.
    No se nos ocurra invertir en trigo y agua…las acciones de este negocio ya hace tiempo que están compradas por los de siempre.

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