Fuego purificador de San Juan
Acababa la escuela y la calle era nuestro reino. Los días anteriores a San Juan los chavales del barrio nos lánzabamos casa por casa a buscar tesoros de madera, monedas en forma de silla, joyas en forma de sofá, viejos botiquines, cajas de fruta o camas destrozadas por el peso o la pasión. No hacía falta ir muy lejos, en cuanto los vecinos nos veían nos llamaban desde los balcones y nos abrían las puertas de sus casas. Claro, eran otros tiempos. El esfuerzo se veía correspondido en cuanto eramos capaces de alzar las primeras llamas que dibujaban la noche y por un día el fuego era el viento anaranjado que se apoderaba de todas las casas de la avenida Mistral. Era una gran felicidad y dábamos saltos de gozo mientras administrábamos reservas de madera para asegurar que duraria al máximo.

Hoy, en una de esas esquinas subsiste con entusiasmo una asociación específica que se encarga de la hoguera y los pobres deben de cumplir con todas las normativas municipales. Por si fuera poco este año los servicios municipales han “retirado” los muebles que se apilaban en las aceras en cumplimiento de vete a saber que artículo con lo cualles han jorobado bastante el material. Me entero de esta noticia por la columna de Quim Monzó, vecino de la calle, que acaba concretamente hablando del provincianismo del alcalde Hereu explicitado de una manera muy monzoniana, con la que comulgo plenamente. Y es que aqui se pone norma a todo, podríamos seguir el hilo: ¿Adonde van los muebles que gentilmente nos retira el ayuntamiento, especialmente los que están en muy buen estado? ¿Qué intermediario los destruye, vende o repara? ¿Porqué ese afán en dejar que ni la noche de San Juan sea mágica y se vea ilustrada de ordenanzas? Otro ejemplo de naturalidad del gobierno de izquierdas de Barcelona es que a las cinco de la mañana los policias con escudos y cascos por si hace falta desalojan a los ciudadanos que retozan en la playa, duermen la borrachera o meditan frente al primer sol. Hay que limpiar la playa para los guiris, lo cual es poner al nivel de la mierda a las personas que disfrutan de la secular tradición de ver el primer sol junto al mar.
Puedo asegurarles que mi coche ha aparecido en dos ocasiones aparcado por la grúa en las inmediaciones del Pueblo Español con un distintivo que ,asegura se ha debido trasladar por obras. Nunca hay tales “obras”, simplemente las infantas habían ido a cenar al restaurante Rías Gallegas de la calle de Lérida. Y estáte contento ciudadano, porque no te han puesto ninguna multa. Algun dia en una hoguera podríamos incluirlos a todos ellos, la prenderemos con el prólogo de la ordenanza, será una falla sin muñecos, natural. Un poco bestia pero purificador.
