Gotas de letras para el verano en els Ousferrats

Para el verano anunciamos actividad permanente y posts para todos. Desde nuestro valle de la Bekaa haremos lo posible y lo imposible para tenerles en ascuas lectoras. Pese a que no deja de ser una pretensión y que estaremos a 1.240 km de nuestro escritorio salvaremos los imponderables del destino para dar cumplida presencia en el OusFerrats. En verano, al contrario de lo propio de la canícula, nuestra redacción amplia sus lecturas, dibuja nuevos planes y traza bocetos de luz en el cielo gallego.

Habrá gotas, gotas reparadoras de los avatares de la vida y de la red. La Real Academia de la Lengua, entre las múltiples acepciones de gota nos aconseja: “para ponderar los esfuerzos o trabajos que sufre alguien.” Y ese es principalmente nuestro objetivo ahora; dejar en la red unas palabras que nos transporten al reino de la paz y al laberinto suave de la relectura y la comprensión tibia de la vida y de los eventos consuetudinarios. Hemos escogido Hamlet, como no, de William Shakespeare. No queremos hacer analisis de nada, solamente que ustedes lean, masquen y deglutan o esputen desde el gazanate de sus ojos y su lectura. Las asociaciones las dejamos al libre, o no, momento de cada lector.

HORACIO.- ¿Se acostumbra eso aquí?

HAMLET.- Sí, se acostumbra; pero aunque he nacido en este país y estoy hecho a sus estilos, me parece que sería más decoroso quebrantar esta costumbre que seguirla. Un exceso tal que embrutece el entendimiento nos infama a los ojos de las otras naciones, desde oriente a occidente. Nos llaman ebrios; manchan nuestro nombre con este dictado afrentoso y en verdad que él solo, por más que poseamos en alto grado otras buenas cualidades, basta a empañar el lustre de nuestra reputación. Así acontece frecuentemente a los hombres. Cualquier defecto natural en ellos, sea el de su nacimiento, del cual no son culpables (puesto que nadie puede escoger su origen), sea cualquier desorden ocurrido en su temperamento, que muchas veces rompe los límites y reparos de la razón, o sea cualquier hábito que se aparte demasiado de las costumbres recibidas llevando estos hombres consigo el signo de un solo defecto que imprimió en ellos la naturaleza o el acaso, aunque sus virtudes fuesen tantas cuantas es concedido a un mortal, y tan puras como la bondad celeste; serán no obstante amancilladas en el concepto público, por aquel único vicio que las acompaña. Un solo adarme de mezcla quita el valor al más precioso metal y le envilece.

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