La cruz de Ikea, una saeta para la crisis.

La saeta de la crisis clama por los balcones, se sube a las azoteas y transmuta por las esquinas. El dios Ibex ha enfurecido castigando durante la campaña electoral al noble Solbes con un ojo entrecerrado; por lo que no vió, o no quiso ver. Ahora, con los ojos abiertos, todo está más claro: aumenta la morosidad, caen ladrillos de las azoteas, las grúas enmudecen y la curva del paro es una recta ascendente.
No pasa nada, dicen, a los sumo llanto y crujir de dientes despues del veranillo y ya verán ustedes como en primavera florecen los bolsillos. Es un buen mensaje para ir tirando, pero cuando uno mira a su alrededor se ven escenas como esta:

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Una joven pareja, autoconstruida a sí misma, haciendo bricolaje convivencial, andando, pues la crisis no da para taxis, cualquiera mueve el coche. Pero siempre les quedará el Ikea, ese lugar que premia a los pobres con la posibilidad de adquirir el decorado de series televisivas a cómodos precios. Y ahí les ven, trasegando por una avenida barcelonesa, sudando a la gota de TAE camino de la vivienda. Y puede ser una premonición de lo que viene: coja su dinerillo menguante y constrúyase su propio kit vital, como llegar a fin de mes cantándole al cristo de los precios, siempre con las dificultades propias que tiene el que las piezas no le encajen, que le falte un tornillo o que resulta que la vida era al revés y el manual no lo ponía. Calvario y Vía Crucis todo en uno el paso urbano del Jesús de Ikea es lo que nos augura el ya mismo. O el anteayer.

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