Lectura intencionda del bolso de Loewe.
El cacharrillo de marras, el bolso de mano de Loewe, aparatosamente aparatoso, cuesta 950€ de nada. De Shangai a Taiwan se aprestan a copiarlo para ponerlo en el mercado a tres o cuatro niveles de calidad distintos, la industria de la copia no para. Pero a ustedes que les parece? Es una pieza que llame su atención? Tienen pensado premiar a la parienta con el artilugio? Tal vez ese no sería el problema mayor. Lo más dificultoso de la adquisición es aquella palabra que Johan Cruyff le robó a los ecologistas: “el entorno”.

Un bolso así ha de tener un entorno preciso de telas, complementos y ajuares de vestimenta femenina que triplique el precio de la fiera de mano. Su poseedora debe lucir un punto de tostado y unas tersuras que multiplican la factura hasta el infinito por no hablar de la carrocería que, a buen seguro, deberá pasar por los mejores talleres a fin de conseguir aerodinámica presencial y penetración en el viento de la líbido. Toda una tarea. Pero la imagen no deja de ser muy clara, para pagarse un complemento como este debe aumentar la ruina industrial y habrá que apretar muchas tuercas salariales. Ya lo dijo el ruso que escribía: “Detrás de cada fortuna suele haber un crimen”.
