“Toda la noche oyeron pasar pájaros”.

Hemos destacado a José Manuel Caballero Bonald con su poesia memorable como “Manual de infractores” y el potentísmo verso de “Somos el tiempo que nos queda”. Hoy queremos hacerles llegar una obra antigua, Premio Ateneo de Sevilla de 1988, cuyo título refiere a las anotaciones de un marino de Cristóbal Colón y que fueron el prólogo del descubrimiento de tierra firme: “Toda la noche oyeron pasar pájaros”.
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El viejo Leinstein, un empresario inglés enviudado de reciente, llega a un puerto del sur de España donde consagra su tiempo a gestionar su mestiza familia. De su mano, y de su lucidez efímera del alcohol, conoceremos una historia amplia por la que desfilan los ricos hacendados, las intrigas de los consignatarios portuarios, la moral y la educación, la hipocresia sexual y religiosa de la clase pudiente y un amor desmesurado por el mar y la navegación, que va abocando a un final sorprendente. Un retrato de la Andalucía rural de hace mucho, pero no tanto, que refresca sobre como vivía la gente empleada en cortijos y barcos, en yeguadas y corrales. Puede verse como la crónica de una desintegración social y personal, sin duda, pero persiste en su lectura el conocimiento y testimonio de un tiempo en que el mar, el latifundio y la pobreza fueron una prolongación de un escenario de clases complejo. Una novela fácil de adquirir en librerias de viejo, aunque está disponible en edición más moderna y menos rústica de Seix Barral.

Este huevo fue puesto el día 1 de Agosto, 2008 a eso de las 7:32 pm y está catalogado como La vida misma . Puedes seguir las respuestas a esta entrada, mediante el feed: RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o un trackback desde tu web.

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