Frutos de las aguas.

Hay que arañarle horas a la salida del sol y estar en la ría cuando la neblina húmeda que la cubre anuncia retirada. En el telón blanco que la oculta se empiezan a distinguir las sombras que van arañando las arenas. La luz muestra más y contamos unos cincuenta mariscadores que se afanan en rascar el fondo arenoso. Aquí habitan y crecen las almejas finas y los berberechos. Este es el campo duro, húmedo y pocas veces plácido de la ría de Camariñas. En más de una hora la marea ya ha subido dificultando la tarea de manejar los grandes y pesados rastrillos, los movimientos son más lentos, el cansancio ya hace mella. A la cintura llevan colgando la cosecha recogida que flota en capazos con red o en bolsas. Luego hay que llegar a la orilla, acabar de separar la carga, controlar las medidas y devolver algunos ejemplares que se han colado fuera de medida. La subasta del berberecho es escasa. Son 4,20€ el kilo. Regresan a casa, el próximo día habrá que mariscar en otra zona, hay que dejar crecer a la camada.

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Aquí, en la Costa da Morte el trabajo siempre ha sido del duro, o la ría, o la barca o el riesgo del risco a mar abierto donde crecen los percebes. La economia  siempre mostró unas cartas trucadas que el tahúr del desarrollo le negó: o lo coges o te jodes. Sólo otra opción en la manga: la maleta y a Suiza, partirse el espinazo de sol a sol y volver a los 40 con una enfermedad profesional muy bien retribuida al cambio y la cuenta de la vida en rojo, sin saldo de familia, hijos o padres con los que vivir el paso de la vida misma.
Este huevo fue puesto el día 5 de Agosto, 2008 a eso de las 1:20 am y está catalogado como La vida misma . Puedes seguir las respuestas a esta entrada, mediante el feed: RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o un trackback desde tu web.

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