Imágenes del horror (2): La guerra y sus imágenes.

A propósito de Georgia nuestra blindada retina ha visto pasar las imágenes desesperantes de la destrucción y la hambruna. Es una guerra más, de las muchas que hay ahora mismo pero en ella la fotografía ha cumplido su misión de detenernos un momento entre ruinas humeantes, ciudadanos llorando a sus vecinos e hijos, gentes deambulando por carreteras sin saber adonde llevar o llorar su tragedia. A todos nos vienen a la cabeza los grandes  clásicos de la fotografía de guerra. El miliciano de la Guerra Civil en el aire, abatido y soltando el fusil. Los soldados americanos en Iwo Jima colocando un banderón, que ríete tú del de la Plaza de Colón en Madrid. Los rusos coronando el Reichstag incendiado con la enseña de la hoz y el martillo. Si tiramos hacia atrás el género tiene tradición y arranca de las primeras guerras de secesión americanas. Los ingleses fumigaron a su opinión pública con la desolación de la carga de la caballería en Balaclava en plena guerra de Crimea en la primera década del siglo anterior. Más a mediados del siglo XX nos levantó la conciencia Vietnam con fotógrafos que nos dejaron testimonio de la matanza de Mi Lai, la niña que corre acabando de salir de una nube de napalm o el oficial sudvietnamita que ejecutó a un vietcong en plena calle con tiro en la sien.

Detrás de esas imágenes hubo bambalina espontánea y bambalina artificiosa. La foto de Iwo Jima era mangui, del tipo “repetimos”. Sobre la guerra de Crimea el fotógrafo hizo poner obuses vacíos y mover lgún que otro muerto, no piensen tan mal, la fotografía entonces, tenía una técnica muy teatral de posado bien hecho. Fue en Vietnam donde surgieron paparazzis de la muerte, espontáneos, que avanzaron con la tropa, se acojonaron o murieron con ella dejando integras sus Leica o Nikon y un legado de carrete para la posteridad. Sobre la guerra en los Balcanes quien olvidará las matanzas de la cola del pan o la de la cola del mercado en Sarajevo?. Una mujer serbia hacía la confidencia de que cuando veía la tragedia y las matanzas de Vukovar, a 200 Km de su casa, cambiaba de canal y era incapaz de presentir lo que venía, le parecía “lejos”.

Más recientemente la guerra del Golfo sentó el precedente de “espectáculo”, un concepto americano muy interesado y que transmite una doble carga moral interesante: por un lado “estamos trabajando juntos” y por otro “no se apuren, solo es entertaintment” lo cual te disculpa, implicitamente, de cualquier tipo de ligazón moral o ética. Nosotros hacemos el trabajo sucio por usted, le damos espectáculo, pero sobretodo no se apure.

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