La dudosa luz de un amanecer en Mondoñedo.
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Cruzamos por el interior, desde la Costa da Morte a Asturias, hacia Salas, hermosos valles. El objetivo es abrazar a Paulino, disfrutar de su conversación, de su calidez y de la calidad de su cocina. Cuando la vista se vuelva al entorno, ya pasadas las cuatro, las brumas ya bajarán hacia los valles en pendiente y envolverán en su algodón húmedo pueblines, aldeas, alfombras verdosas donde las vacas te miran de otra forma.Antes de Lugo tomamos la carretera que va hacia Ribadeo y Vegadeo. Son las siete y media de la mañana, el estómago pide algo que echarse encima. No sabemos parar, la clásica duda. De repente algo me llama en un rótulo carreteril, una palabra: Mondoñedo, decidimos desviarnos. Me sonrío pensando en un famoso fabricante de tartas llamado El rey de las tartas de Mondoñedo, un señor gallego disfrazado a modo de Dalí, que en los ochenta se hartó de salir por la televisión haciendo una apocalíptica defensa de su tarta. Me entra la duda de si su establecimiento estará abierto a esas horas. Casi duerme Mondoñedo cuando entramos por sus calles y nos reciben las campanas de su imponente catedral que fue consagrada en 1248 y convertida en sede episcopal.
Bajo los soportales la luz de esa hora, con la ciudad callada, es todavía dudosa luz del día y nos encontramos frente a unos comercios curiosos en los que se mezcla una relojería, la pastelería del Rey de las Tartas y unos aparadores que nos ofrecen la visión casi mágica de diversas antiguedades. Los relojes son imponentes, hermosos algunos, antiguos. Esa atmósfera matutina me hacía sentir que habíamos llegado, casi como predestinación, a un lugar especial.
Lo comprendí, al reclamo del brazo de Manuela, justo al otro lado lado de la plaza. Fue un momento emotivo, allí estaba él, sentado, con la mirada lejana, sus notas en la mano, gozoso y gozante, desde el bronce, de su plaza y catedral. Me contuve, hubiera arrancado a correr hasta abrazarle con admiración. El hombre que hizo correr una prolija y especial obra literaria, cultísmo, incidente, mágico hasta lo inimaginable: Alvaro Cunqueiro, hijo de Mondoñedo. Me acordé de Niezstche paseando por la plaza de San Marcos en Venecia y abrazando a un caballo ante el estupor del cochero y los transeúntes gritando: "Wagner ! Sabía que os encontraria aquí."
A buen seguro que a Don Alvaro no le hubiera impresionado lo más mínimo. Y por ello, por ese momento emocionante de descubrir que fuerza, que destino o que llamada nos hizo recalar en Mondoñedo dedicaremos pronto algún post sobre la obra de Alvaro Cunqueiro. Lo hicimos hace un tiempo, pero nos sentimos en deuda con su inspiración.
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14 septiembre, 2008 - 19:39
quin gust de lectura … en textos i imatges