Gotas de Letras: “Los Hijos Muertos” de Ana María Matute (2), una obra olvidada ?

Ana María Matute tiene una novela, por la cual fue premio Nacional de Literatura 1959 y Premio Nacional de la Crítica en 1958 , de la cual se habla poco y constituye una contribución memorable a la recuperación de la memoria histórica en un sentido no político ni ideológico sinó que constituye una verdadera lección sobre el factor humano de la posguerra: “Los hijos muertos”.

“Para Ana María Matute, la desilusión de la sociedad es la que ha engendrado unos hijos con un vacío axiológico. La autora considera que los hijos de la España de la posguerra son muertos en vida, ya que la guerra fratricida les ha ocasionado unos traumas cuyas secuelas padecerán hasta su muerte, sin ninguna oportunidad de
restablecerse.”

Saliha Zerrouki. Profesora de literatura española, Universidad de Arge

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Esta es una novela cuyo título abarca tanto a quienes murieron en la guerra civil como a quienes, aún siguiendo vivos, sobreviven a la posguerra en un entorno rural, pero por dentro se rompieron hace tiempo, ya están muertos. Daniel vuelve a Hegroz y rememora la vida anterior a la contienda, los abusos, las humillaciones y el escarnio moral al cual fueron sometidos los perdedores. Los recuerdos de Daniel son centrales, de joven vive en Barcelona donde dibuja un mundo cauto, silencioso y en el que la necesidad de trabajo es como un Grial inalcanzable. Sufre el exilio francés y los campos de concentración. En 1947 vuelve a la ciudad condal, desesperado se dedica al contrabando de drogas. Es detenido y mandado a un campo de trabajos forzados.

Su vida en esa jaula pedregosa, en la que continuamente se les manifiesta la necesidad y la privación, es uno de los testimonios más crudos del derrumbe moral de una posguerra, solamente le supera leyendo la tercera parte de “Crónica del Alba”, sensibilísima y hermosa historia de Ramón J. Sender.

En estos tiempos de abrir fosas, destapar archivos y dejar que las palomas defequen en los símbolos de los que ganaron o perdieron, el mejor ejercicio antibélico es pasar la mirada sobre obras como “Los Hijos Muertos”. Es dura, realista, tiene puntos de ironía, los ambientes son desconchados en el alma de los personajes y ayudan reconstruir el castillo arenoso de los recuerdos engullido por las olas de la guerra. A medida que avanza la lectura de la obra no podemos evitar la mirada tierna a sus personajes a la vez que es como visitar la galería de espejos que repite la secuencia de la posguerra rural y urbana.

Este huevo fue puesto el día 21 de Septiembre, 2008 a eso de las 10:03 pm y está catalogado como La vida misma . Puedes seguir las respuestas a esta entrada, mediante el feed: RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o un trackback desde tu web.

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