Ousferrats
23sep/080

Diario de un excedente (1): Paseando con Walser y el doctor Pasavento.

Paseo y mientras ando le busco un remilgo filosófico a este acto. No lo encuentro. El aparador de la tocinería me devuelve una imagen aceptable en mi canon de chacinería humana. Mientras marcho avenida abajo tengo un recuerdo para Robert Walser el caminante en la nieve del psiquiatrico de Herisau. Es un fantasma que pasea por mis palabras desde que un tal Vila-Matas me lo presentó. Estaba yo mecido por el viento cálido africano, una tarde de diciembre en La Graciosa, leyendo cual hooligan y dejándome llevar por el tal escritor Vila-Matas. El hombre, en un trayecto del AVE rumió desaparecer y adquirir otra personalidad: Doctor Pasavento.

Volvamos a Walser ya que la proximidad del otoño me hizo retroceder en mi camino hacia la cama, rebusqué en la estantería y decidí rememorar lo que contaba de Walser. Es hecho notorio que las voces irrumpieron en la vida del escritor y que los médicos las consideraron "alucinaciones acústicas". De pronto, en un hotel de Berna, prorrumpió hacia los comensales de las otras mesas: "Pero cómo es posible que ustedes sólo susurren?". Fue este incidente el que delató ciertos síntomas de un suave desequilibrio mental. Más tarde escribió a su hermana, según referencia Vila-Matas: "Tengo una enfermedad mental difícil de definir. Al parecer es incurable, pero no me impide pensar en lo que me place, ser amable con las personas o disfrutar de las cosas, como una buena comida, por ejemplo ...".

Pocos años más tarde Walser se autorecluyó en el manicomio de Herisau y abandonó toda actividad relacionada con la escritura y su vida. El día de Navidad de 1956, cuando yo balbuceaba en la cuna hacía diez días, Walser no volvió de su paseo por la nieve. Murió paseando y alejándose de todo para no volver. La experiencia de Walser y la de Pasavento condicionan mis pasos en los últimos días y aunque camine sobre el asfalto barcelonés, que con tanta frecuencia se remodela y reacondiciona, términos que encierran algo tan añejo como "volver a facturar"; sueño con una nieve silenciosa de copos del pasado, que caen en silencio, mientras la nieve tierna cruje bajo mis sandalias de verano y los caminantes me son indistintos, todos apresurados, posesos de Cronos y lobos tardíos sin dientes. Y tienta, tienta desaparecer como Pasavento, en la ficción. Por eso les escribo desde la excedencia y mis palabras se abandonarán en el exceso de no ser lógicas ni correctas, como no lo han sido nunca. Y acabaré hoy con una cita de Walser: "Continuo mi camino, que es un paso más allá y a casa; sin hacer ruido, aparte me quedo ya"

Vila-Matas leyendo sobre Robert Walser y haciendo consideraciones sobre Proust

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