La Gastronomía como Patrimonio de la futilidad.
La propuesta de declaración de la Gastronomía francesa, mexicana o española como Patrimonio de la Humanidad, así, con mayúsculas, huele a guiso del marketing. Inmejorable ocasión, en tiempos "difíciles", para que el personal se entretenga en ver si las sardinas con pimientos podrán llegar a ser parte de la dieta de los soldados españoles con misión humanitaria, momento idóneo para rescatar pasiones nacionales ("Y sí a los gabachos sí, a nosotros porqué no?").
La pregunta que me hago es: Eso en qué se va a notar a nivel de la humanidad? Pues muy fácil. La ONU aprobará en qué zonas del planeta se difunde la tortilla de patatas sin liofilizar, las tortitas o las enchiladas o la Boullabaise de Marsella. Eso supone un alúd de comisionados, funcionarios con sus correspondientes altos comisionados que tan buen rastro han dejado en zonas de àfrica y Asia, por no hablar de Timor. Esa es la versión ideal del tema, de paso se cumplirían los objetivos de la FAO y el Club de Roma.

Francamente, no sé que relacion hay entre Angkor Vat y los callos, el sanscrito y el poulet roti, la gran muralla china y los chipirones en su tinta, entre Samarkanda y las ostras de Cap d'Agde. Disculpenme, el crash ya nos afecta a todos, hasta a este pobre que escribe pensando que el crack es cosa de camellos y el Crash el sonido del somier de la vecina en viernes.
Related posts:
Aún no hay trackbacks.