La deseada muerte del vendedor de uranio.

El viajante recorre Europa y el mundo. Parece que pocos reparan en su altanería, en su pasado de timador a una nación, en su presente en el que recorre el universo como empleado de los lobbyes neocons. Ora vende terrenos en Argentina, ora preside una salida de la F1, sin que los ajetreados starlettes de la parrilla lo conozcan. Pero el sabe que vender es eso: patear y patear. Algunos creímos que con dos consejos de administración tendría suficiente. Pero no, él ya se ha hecho un nombre en el mercado de vendedores y la panoplia mundial del gas, las petroleras y las nucleares cuentan con el hombre arrogante, vestido de Cortefiel y Armani no puede disimular,del todo, que una mona de provincias en eso se queda, pese a la seda.

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Jose María Aznar, el vendedor de cosillas, hoy se ha pasado a los neutrones. Está muy claro: hay que crear una corriente de opinión que rechace las exageraciones ecologistas, que rechaze tanto impuestos y tanta medida. Aquí, de lo que se trata, es de volver a la energía nuclear de toda la vida. Para ello ha publicado la Fundación FAES un libro cuyo título ya marca intenciones: “Planeta azul (no verde)” y de paso se ha montado en Praga una buena conferencia arropada por lo más granado del “ecopopulisnoneocon”, les daré algunos nombres de los tan irredentos: Pizarro, Ana Botella, Zaplana y la presidenta de la Asamblea de Madrid. En este contexto el viajante Aznar no nos sorprende, hace tiempo, que recuperando amigos de los bancos del Colegio del Pilar, hoy bien situados en sociedades de explotación de gasoductos y vía Berlusconi y Putin pugnan por tener un grupo de presión importante en el parlamento europeo. De esos les hablamos ya a ustedes. Y miren por donde aparecen en Praga los mismos que mentábamos entonces.

Ya sabemos pues lo que toca Harrisburg, Seveso, Bhopal, Chernobil, Tarragona. Tonterías y disculpen a ustedes que no les escandalice con citas literales de Aznar, se las referencio. Pero me he prometido a mi mismo no hacer ninguna cita literal más ni de Aznar ni de Otegui; no puedo con ellos. Pero una lectura le recomendaría al Sr. Aznar y es “La muerte de un viajante” de Arthur Miller, espléndida y humana obra, magnífico crisol sobre la vida y el trabajo pero para personas con sensibilidad. Antes que el uranio y sus protoncillos campen por Europa es una lectura incontaminada.

Un poco de naturaleza 

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