La educación en un mundo de diáspora (1), escuchando a Bauman.
De pie, vehemente, organizado y aparentemente disperso, hilvanando conceptos, Bauman dio una conferencia rica, espléndida. Apuntando conceptos baumanianos comunes y siendo cuidadoso de no polemizar ni ser mal usado por sus epígonos (no había ninguna televisión) su discurso suena tan común que ello lo hace inusual.
Una conferencia que empieza con la afirmación: "Londres o Barcelona son dos papeleras en las que la globalización vierte sus residuos." Observación ya esbozada en su libros como tesis: en la medida en que el capitalismo se ha expandido, desde la revolución industrial, pasando por el abandono del campo y el colonialismo hemos llegado al momento en que el propio sistema se echa encima lo que practicaba en las colonias. Las ciudades se llenan de desplazados, se crean nuevos barrios con antiguas culturas y se realiza tal mescolanza, la diáspora, que se ven sobrepasados los medios del sistema, que es lo que está pasando.
El crecimiento de la globalización ha desconfigurado los centros de decisión política de tal forma que el poder ya está fuera de la política, ¿Les suena verdad?.
Dio un buen repaso a la palabra cultura: mercado, nada más. Interesa ir deprisa, correr, no hay previsión de ningún tipo; ni siquiera para mañana, todo es ahora, líquido, liquefacto añadiría.
La vida líquida moderna, a diferencia de la cultura de la era de la creación de las naciones, no tiene "gente" para "educar", sólo piensa en clientes para seducir y a diferencia de su predecesora "sólida moderna", ya no desea esforzarse, al final pero cuanto antes mejor, de trabajar. Su gran objetivo ahora es conseguir que su propia supervivencia sea permanente, a través de temporalizar todos los aspectos de la vida de sus antiguos protegidos, ahora rebautizados como clientes.
Sugiere Bauman que a la hora de teorizar sobre las identidades actuales es mejor abandonar de una vez las teorías de enraizarse o desenraizarse. Las raíces se secan al arrancarlas y mueren, dificilmente pueden "trasplantarse" en otra cultura, es radical, es mucho mejor sustituirlas por las anclas, se levantan y se depositan en cualquier otro lugar, pero pueden facilmente volver a levantarse y transportarnos a una nueva aventura, hacia un nuevo puerto. Un canto ideal al individuo al cual ve frente a la comunidad como un paso más en su individuación. La comunidad es vista como un motel o estación de paso en un camino que debe estar siempre abierto para recorrerse individualmente y desde esta perspectiva la inclusión és una utopia peligrosa por cuanto recuerda la exigencia de los viejos misioneros católicos del S. XV: "O te conviertes o te condenas".
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