El camelo de la Constitución de 1978.

Los que votamos contra la Constitución de 1978 estamos que no cabemos en estos días celebratorios. Desgraciadamente el tiempo nos ha dado una parte de razón que muchos han estado negando. Primero votamos NO por considerar que la Monarquía era una forma medieval, antigua y propuesta por Franco y arropada por unas Cortes llenas de fascistas. Votamos NO por considerar que era la consagración de un sistema de propiedad privada no regulado que iba a hacer del país un vergel de timadores. Luego seguimos votando NO por entender que se limitaba el marco de desarrollo y autodeterminación de las hoy llamadas autonomías. Votamos que se la quedaran porqué no se establecían unas bases que permitieran depurar las responsabilidades por los crímenes del franquismo, la represión y porqué cerraba la puerta a la disolución de los cuerpos y fuerzas del estado que habían creado cuarenta años de terror, tortura y represión. Podríamos seguir, les he hecho la lista de puntos esenciales. ¿ Y de qué nos estamos hartando al cabo de treinta años ? Pero no, lo que aqui priva es la diplomacia, la reconciliación y un falso “respeto” que levanta ampollas como lo demuestran continuamente la Iglesia, los obispos y la derecha rubicunda.

Guillén en Por Favor

Eso permite que gente ensangrentada, amparada en las “responsabilidades de gobierno”, siga disfrutando de parabienes como en el caso de Fraga que dijo que la calle era suya y se la comió con muertos incluidos. La otra tarde la cadena SER peloteaba a un tal Rodolfo Martín Villa, un ministro del Interior bajo cuya égira se inspiro el caso Scala que tiene en su haber un atentado con varios muertos. Fue en el juicio posterior cuando el “dirigente” del grupo que lanzó los artefactos confesó haber sido contratado por los servicios de la policía. Fue una operación para la reconciliación nacional, en Catalunya la afiliación a CNT empezaba a superar las de CCOO y UGT era un puro llavero. Se trataba de hundir al sindicato con detenciones y asociándolo a terrorismo. Ni qué decir que los de CCOO, PSUC y aledaños callaban. Eso ha permitido el camelo constitucional: unas libertades similares a las europeas de acabada la segunda guerra y nada más, eso sí plena libertad para consumir y endeudarse, poco más.

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