Monogràfrica: Laurent Nkunda nos mira.

Hemos saltado del S. XIX al XX en tres posts para hacer una presentación general de la evolución política congolesa y del entorno complejo de etnias e intereses.

Todo hace preveer que 2009 no será un año sin noticias del Congo. Pero 2008 ha sido el año en el que conocimos a Laurent Nkunda. También llamado Nkundabatware, es un dirigente guerrillero banyamulengue, miembro del Reagrupamiento Congoleño para la Democracia (RCD), que actúa al este de la República Democrática del Congo desde 1998. Escuetamente esta es una de las referencias que encontramos en Internet. Pero si algo llama la atención del postista es el aspecto físico. Es una especie de cuchillo afilado sobre botas, tanto en facciones como en presencia global. El hombre imposta cada vez que aparece frente a la prensa tiene una escenografía estudiada de icono-poder militar y suele hacerlo con un bastoncito con mango de plata. La primera visión es macarresca y puede pertenecer a dueño de barra de bar de carretera centroafricana o zulú venido a más en Saint Germain des Pres. Bromas aparte los “logros” de Nkunda no son menudos.

La guerra y la nueva diáspora de la que tañen campanas negras atizada en la zona de Kivu la protagonizan sus tropas que con el pretexto de proteger a la etnia banyamulengue (tutsis congoleños) ha lanzado una dura ofensiva que solo ha detenido cuando ha puesto sus reales sobre las principales minas de la zona, llenas de coltán, mineral imprescindible para la fabricación de ordenadores como aquí les citamos hace semanas. De ese movimiento de piezas de Nkunda 250.000 personas son ya refugiados en su propio país. Nkunda no se asusta, se ríe de las órdenes contra él de los tribunales internacionales, retiene a quien le parece mientras mira al otro lado cuando sus tropas o las gubernamentales congoleñas arrastran el sadismo por valles y caminos. Nkunda mira, reta, se ríe de la cámara con aspecto de amenzar a todo lo que hay más allá de sus gafas. Bajo sus pies una veta de coltán le da más valor o le acerca más a su propia muerte.

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