Rompemos el huevo del 2009, Chacinoscopia (1)

Chozas habita en una pequeña mesa del bar “El Galgo”. Casi que desde toda la vida ha estado allá sentado, sólo el paso de los años lo ha hecho más blanquecino, pero su sistema vascular se esfuerza por salir afuera en forma de protuberancias rojas en la nariz, las manos. Un buen catador de caldos. Pero lo que hoy me ha llevado allí ha sido el sentarme ante él y pedirle aquello que todo el barrio le pide en voz baja: videncia. La evidencia en la anticipación. No es broma, hace décadas que Chozas pontifica sobre el futuro y si no tiene mucha consulta se autopregunta y a veces da respuestas que rizan los vellos del pericardio.

Su técnica yo la denomino la Chacinoscopia, así, con mayúsculas, sólo vaticina ante un buen plato de ibérico. Es una ceremonia larga, lenta. Toma cual forma sagrada el corte de chacino ibérico lo escruta y se lo zampa lentamente, con los ojos fijos en el cartel de toros de la puerta del lavabo, luego deglute, a veces eructa, toma dosis de vino breve y afirma. Lo hace claro, alto con frases largas. No se rían, acierta un huevo. Ayer le cité y llevamos, con el de hoy, dos días de trabajo. Créanme que me siento el más humilde aprendiz del mundo ante él, solo he tenido esta sensación ante Jackie Stewart, Kubala, John Surtees, Catalá Roca, Madame Arthur y el prior de la cartuja de Montealegre. Me dejaba el día que mi madre me enseñó que en la mesa de al lado cenaba un animal espléndido de ojos selváticos, una tal Ava Gardner, se estaba zampando una langosta en Cal Noi de Torredembarra. Es un momento pleno donde conectas con una esfera mítica y él esta allá hablando y a mi se me estremecen mis castigados oídos que se esfuerzan por mandar al cerebro cualquier sílaba y sales mejor que de un jacuzzi de esos que te regalan los del amigo invisible (qué visibles cretinos!).

A partir de este post publicaremos las predicciones del Chozas para 2009, pero me era imposible citar sus videncias sin situarles, no se deja fotografiar. Algunos dicen que vivía en un pueblo de Castellón, honrado, trabajador de antes del gallo, putero y juerguista, pero buen hombre. Solo tuvo un fallo, junto a su huerto crecía un mirto espigado y tetón que era la hija del capataz. La vio crecer tanto que un buen día sus instintos nos se controlaron y le dió un muerdo como si fuera una de las granadas que crecían en otoño, era como un fruto para él. Algo incomprensible para una España católica. Desde entonces su destierro recala en el bar del barrio. Ha sido capaz de predecir el embarazo de la farmacéutica antes de la boda, la ruina de varias tiendas, la muerte de Franco, las victorias del Barça, la invasión de Panamá, la separación de Marichalar. Es una estrella que viene del futuro, no tiene bola de vidrio, ni gorra. Pero su técnica es perfecta pues no usa cualquier tipo de embutido sino que tiene preferencias según el tema. Prefiere morcillas y botillo crudo, muy finito, para las cosas de família y personales. El morcón lo usa para España, para el mundo exige una longaniza de ciervo que el dueño, un berzano paciente trae de Villafranca del Bierzo. Mañana les cuento.

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