Diario de un excedente: Una ciénaga hermosa.

Algunos de ustedes me mandaron un correo diciendo que había bajado mi ritmo de escritura semanal. Es cierto. Pero de las letras no me he librado. Con mi excedente de tiempo libre para el espiritu he dedicado estas dos semanas a emprender un camino deseado hace tiempo, pero que siempre retardaba abordarlo. Tengo que liquidar más de doscientos cincuenta libros que nos echan de casa. Lo que pensaba serían tres horas lleva camino de varios días. La biblioteca de mi casa es una ciénaga hermosa que me atrapa. Les aseguro que salen brazos de las cubiertas de los libros que me llaman, ningún terror, ningun espanto. pero sin darme cuenta la vida, la mía y la de otros se me aparece entre ellos. Libros clandestinos comprados en Francia, pasados por la frontera, camuflados en el saco de dormir encima del depósito de la moto.

Libros de estudiante, robados en alguna ocasión. Pequeños opúsculos que descubrieron mundos de conceptos, que me ayudaron a elaborar discurso, a conocer palabras. Una fotografía de una manifestación, ilegal claro, que cae de un libro con dedicatoria;  “A la juerga general Davidovich, besos . . . Marisa” (1 de mayo de 1973). Una dedicatoria en día lluvioso de abril en libro de poesia. Un billete de avión de 1977, una semana intensa de viajes a Madrid, cuando uno era representante sindical elegido en asamblea . . . un carnet de jugador del Barça juvenil, el carnet de la facultad de 1979, tickets de entrada a la Vilette . . . 1985.

Pero lo más sorprendente siguen siendo los libros, me detengo ante los anaqueles de poesia y siento imposible tirar ninguno, eso es bálsamo, ni feng-shui, ni pilates . . . palabras reparadoras, imágenes mentales, no tiro nada de ahí. Injusto sería hablar de esta biblioteca sin escribir de mi amigo de alma, de mi hermano insoluble al tiempo que durante años ha sido un magnánimo proveedor y al que rendí homenaje en Finderina, Brugueda, el hombre que habitaba entre los libros. Y los que me ha regalado mi novia ! . . . No acabaría nunca !!

Siempre soñé con levantarme a medianoche y encontrar a Ahab sentado en el sofá dialogando con Ana Ajmatova y al Duque de Orsini con barro del jardín de Bomarzo en las botas, escrutando una carta astral mientras la Maga de Rayuela se sirve el quinto Martini. No, no están, pero viajan conmigo. Espero salir de ahí, pero no se cuando. Y mientras acaricio el diccionario Larousse de 1929 con el que mi padre me hacía aprender francés cada tarde desde lo siete años, pero a mi no me importaba mucho el francés, me importaba la proximidad de mi padre, un señor solicitado por la vida y la enfermedad. Cuando salga de ese dulce pantano les prometo contar otras cosas pero les recomiendo dar una ojeada a su biblioteca y muy especialmente entre las páginas donde seguramente encontraran pasados.

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