Mirar Iberia (2): Un beso xabarín.

Todavía, ni nunca sabré que lo llevó allí. Es una cala pequeña, Arnela, junto a la hermosa Muxía. Pero mi animal favorito, en bosque y plato, yace en el sueño de las pudrideras. Se diría por su tamaño que apenas tiene tres años. Reposa mirando a Finisterre, con el hocico orientado a la vecina Punta da Buitra. Duerme xabarín entre algas y conchas, mecido por las moscas y el último ruido eterno que nunca cesa: la mar, la arena te respeta del vendaval y tu pelo ofrece colores y ninguna pista. Solo el talud cercano puede augurarme que huyendo de algo se precipitara a los bolos, que dicen aqui, a las rocas redondas. Pienso sacarte en els Ous y escribirte algo. Nunca lo sabrás pero antes de irme no pude resistir la tentación de tocar suavemente tu pelo puoso y rígido. El mar sigue roncando y me alejo impresionado. Estas cosas solo se ven aquí y siempre sorprenden. Duerme xabarín, la cama de arenas y algas te acompañará cuando la marea te trague y en mi retina quedará siempre este momento, pero ya pasó.

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