Mirar Iberia y tocar el Atlántico (1)

“A veces nos sentábamos en el banco de un mirador, desde allí se veia toda la Alpujarra. Al fondo, entre cuencas y valles un cristal brillante. Si una mancha de color aparecía enmedio eso era un barco. A mi me lo explicaban, con mis dioptrías me costaba de percibir.”
Me parece un microrelato magnífico, sacado de la vida misma como los buenos, nos lo cuenta nuestra amiga granadina actriz, narradora oral y cuentacosas de estilo único, afincada en un hermoso valle navarro. La tarde azulea entre las peñas de Echauri. Bebemos agua y damos cuenta de unos cigarrillos en el porche magnífico que mira a suroeste de su casa Corbuseriana. Grata, entrañable y acogedora, no la casa, qué también, sino sus moradores que nos conocemos de tanto y nos queremos más de lo que nos decimos a veces.

Atravesar la Peninsula Ibérica, salir de Barcelona y acabar tocando el Atlántico en la playa de Reira, en Costa da Morte, es una adicción habitual que procuramos sobrecultivar. Más aun en estos tiempos de excedencia que nos campan la mente y nos mecen en el raciocinio de la distancia. Pero ese es ritual que solemos cultivar en verano. Inédito es hacerlo en estos tiempos en que la primavera otoñea y no es capaz aún de tumbar el frío y la lluvia. Emergen lagunas en los secarrales veraniegos del trigo burgalés. Palencia nos recibe con sus abrazos amarillos salpimentados de algunas amapolas perecederas ante el castigo de viernes presuntamente santo.

Detenerse en Hospital de Orbigo, zamparse un bacalao o una perdiz escabechada en la Encomienda, hacerla bajar  con un Rueda blanco y darse un pateo por su puente romano te pone en condiciones para seguir la trazada hacia el lugar donde el día se acaba dentro del mar. En esa geografía castellana ruda y entrañable la proximidad de León te pone al fondo los picos de Europa y si miras a la izquierda ves el tobogán desafiante del Bierzo leonés, sus Ancares, y empà¬ezas a subir puerto arriba hacia Piedrafita. Allí todavía zampas una chuleta y una sopa por 12 euros de una legitimidad y calidad que haría sonrojar a las cartas de cualquier restaurante de Barcelona o Madrid. Entonces ya sabes que estás en Galicia y que te queda por delante un mundo de sensaciones visuales inagotables. Hemos trillado Iberia muchos días y lo compartiremos con un album breve y visual.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *