Mirar Iberia (4): Centollas de chocolate.

La tarde está templada. Enmedio de la ensenada que marca la ría de Camariñas, entre las dos puntas de la C que marcan Muxía y Camariñas miro como el día acaba, queda poco sol. Un ronroneo lejano nos lleva un naseiro, que trasega con nasas, hacia el interior de la ría. Viene costeando y lleva una escolta de gaviotas anisosas por si cae algo. La barca corre en paralelo a la costa y cada cuando, ese es el secreto del pescador, en un fondo escaso de siete u ocho metros lanza una nasa que otro día recogerá. Lo contemplo embelesado de verdad.

La centolla puede entrar en las nasas pero hay alguien que es capaz de sustraerla, para cuando el pescador la levante y se crea seguro de su captura, es el rey de la zona, el pulpo. Es capaz de sorber los sesos y la carne de la centolla atrapada en una nasa dejándola tal cual, embalsamada y sin signos aparentes de uso, eso sí, al cogerla en la mano, parece de plástico, está vacía.

Precisamente esos días la ría ha sido noticia por el “abandono” de varias embarcaciones y fardos repletos de hachís o cacaína y se han practicado detenciones en el monte y la playa. Parece florecer un clan narcotraficante local antes no conocido: os “Lulus”. Radican en la zona de Muxía y suelen contratar inmigrantes para que traginen los fardos. Aquí siempre hubo contrabando, pero de paso, transaccional. Ahora el asentamiento de un clan local permite augurar lamentables noticias futuras.

Esta Semana Santa las playas de la zona se han visto sorprendidas por una marea de fardos que han ido llegando a la costa repletos de hachís. Esperemos que las centollas y los pulpos cuya vida ya fue forzada por el Prestige no tomen el camino de la drogadición, de lo contrario el precio de la centolla con “chocolate” se dispararía.

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