Mirar Iberia (5): Un oasis sin Bardem . . .

Oasis en cualquier parte de cualquier camino. Reparadoras fuentes, cantinas a pie de carretera, luces de neón para pretendidas restauraciones exentas de gastronomía, aunque no de bajo vientre. La carretera, las autopistas siempre nos brindan un rincón de reposo solaz. Hechos, como somos, autonautas de cosmopista lo nuestro son modernos oasis de cemento, aluminio y plástico. Dentro nos deparan un sinfin de variedades para atender las supuestas necesidades del peregrino del hidrocarburo. Podemos encontrar frutos de la tierra envasados, licores locales y cristalizada pastelería típica rellena del espiritu de la comarca por la que traginamos. Cruzando Iberia por dos veces en doce días hemos visto de todo. Llama la atención la tablilla de la empleada de la limpieza del área de Logroño pidiendo “Lejía Juan”, junto a su firma, fecha y hora.

En el comedor desierto un solo conductor de proporciones megalíticas aborda un plato descomunal de macarrones mientras lee el periódico con fruición. A su lado dos gigantescas costillas de cerdo reman entre guisantes pidiendo auxilio, su devoración sera inminente. Me siento con mi café y el personaje esta abordando una copa, digna de Champions de una especie de crema amarillenta. Todo un colofón al monumento ambulante de lípidos. Se detiene un autocar de línea. El público lo forman jóvenes en su mayoría. Cascos de audio, bocatas con papel de plata, dos señoras cojeantes y un abuelo encorvado que avanza a todos en la curva de los lavabos y antepone la alcayata para forzar la frenada del cuarentón que pretendía hacerle un interior en la chicane de la próstata.

Pero en este viaje he llegado a la conclusión de que la mejor área, la idónea para rodar una road movie española es Los Rosales, entre León y Ponferrada. Como indican los ojos de sus camareros está abierta las 24 horas, dispone de unas vitrinas de venta y exhibición de navajas de las mejores de Iberia sin duda alguna. La barra mide más de 20 metros con diversas formas, las máquinas tragaperras la convierten en la Nevada del páramo, se amontonan las cajas de todo tipo de cecinas, turrones, pastas de las hermanas de nosedonde, gorros de peregrinos y posters taurinos personalizables, gran variedad de orujos y una vitrina de pistolillas de fogueo. Un lugar que no conocieron los localizadores de “No es país para viejos”. Especialmente en madrugadas de verano siempre he tenido la impresión de que entraría Bardem y se nos jugaría nuestro pescuezo a la ruleta trucada de su locura. Y para ustedes, queridos lectores y lectoras: ¿Cuál es su área de servicio preferida?

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