Diario de La Graciosa (2) : Ignacio Aldecoa en la isla.

“Ayer, a la caída de la tarde, cuando el gran acantilado
es de cinabrio, he vuelto a la isla. Las cabezas de los cazones y sus entrañas
yacían en las rocas cercanas al muelle, arrojadas al creciente de la marea. Las gaviotas
abatían sobre los despojos. Los hijos de Roque y otros muchachos pulpeaban
con máscaras de buceo, y en el grao de la caleta se confundían por las sucias haldas
del agua, gallinas y pájaros de la mar en sociedad apacible. Una mujer en cuclillas
extendía un extático cardumen de pejeverdes en el picón del secadero, y el ala baja
y ancha de su sombrerillo de pleita me impidió verle el rostro. El molino de gofio,
sin velas, como un gigantesco esqueleto de reloj, alzaba sus engranajes y estructura
hexagonal por encima del caserío. El rebaño de camellos se perfilaba en las
dunas volviendo de los matos pastizos de la llanta'”.


Ignacio Aldecoa “Parte de una historia” 1966

Así, de esta manera realista y fotográfica describe Ignacio Aldecoa su segunda llegada a la isla de La Graciosa en 1967. En un libro que plasma maravillosamente la vida de la isla en los difíciles sesenta. Es un libro-mosaico agradecido en especial cuando se ha vivido algunos días en la isla. Ya no quedan camellos y la vida moderna ha llevado a los gracioseros a trabajar a Lanzarote y a volver con el ferry a diario o los viernes. En su libro Aldecoa emprende una historia realista que se salpica continuamente del mar, la pesca y el arrojo de unas gentes que tenían en la bajura su sustento. La vida graciosera de entonces era extremadamente dura y eso el autor lo retrata con detalle en los rostros, las conversaciones y en la descripción de silencios que advierte todo un mundo silencioso en el caso de las mujeres, verdaderas almas de las casas y condenadas a un concepto y una condición que el franquismo y la iglesia sellaron con represión. Pero la novela no se queda ahí solo, que ya es bastante, sino que el destino cruza la isla y en forma de tormenta pone a la muerte sobre la mesa y unos visitantes extranjeros hallarán alojo entre los isleños. Una vida de fuera, contemplada con estupor pero con hospitalidad.

En todo ello van apareciendo confesiones del joven protagonista y que años más tarde han resultado ser autobiográficas. Aldecoa fue un prolijo y potente escritor que falleció a los 44 años y que necesitaba huir de la opresión que se respiraba en Madrid y trabajar. Encontró la isla y mezcló sensacionalmente la novela realista y sus profundas reflexiones sobre qué le pudo llevar allí. Su esposa, la también escritora Josefina Aldecoa y fundadora del prestigioso colegio madrileño Estilo pronunció hace unos años una conferencia publicada por la Fundación Cesar Manrique “Ignacio Aldecoa en su paraíso”. Al final confesó que suele visitar Lanzarote y que se asoma siempre al fantástico balcón natural del Mirador del Río desde donde se divisan La Graciosa y sus volcanes, pero que jamás ha tenido fuerzas para pisar la isla. Un gran libro que les recomendamos y en especial la edición de Castalia con prologo de la lingà¼ista Ellide Pitarello que es uno de los mejores estudios sobre un libro que se han echado estos ojos que les escriben.

Fotos de Marta Rodríguez y Bekaa (2007)

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