Diario de La Graciosa (4) : Queridísimos volcanes.

Es un regalo quasi celestial caminar sin rumbo fijo, este es un lugar para sacar el alma a pasear. La paz del ruido suave de las aguas, la transparencia en las orillas y fondos escasos. Si giras la mirada la presencia volcánica impresiona y da una fuerza apacible. te tropiezas continuamente con restos de erupciones que llevarán allí entre 10.000 y 40.000 años. Las luces cambiantes y las nubuosidades le dan un continuo cambio de tonalidades de rojo a marrón pardo, de grisáceo a negro brillante. Las formas de los roquedales, las bombas petrificadas de cualquier tamaño y una vegetación austera pero cambiante, asida a los montículos dunares que invaden las zonas llanas.

El volcán, metáfora fácil que remite a lo originario, a lo interior, la proximidad del núcleo materno, los magmas. Te acerca a lo interior te sugiere metáfora de imponencia, de majestuosidad. Lo puedes tomar por el lado del poder extinto, apagado, que fue grande y ya no lo es. Solo puedo conclusionar que su magnetismo es sumamente atrayente, te llama a subirlo, a explorarlo y lleva tu ojo hasta su caldera y entonces lo ves aún más grande de lo que pensabas. Y te impone y bajas ladera abajo con tus pensamientos y un ojo en el camino pues a veces sus productos son astillosos. Sí, confieso una adicción a los volcanes acumulada en mis paseillos por el archipiélago canario. Nada tan impresionante como el Parque natural del Timanfaya en Lanzarote, aquí llamada la Isla Mayor. En especial la región de la Haría, quilómetros inacabables de dunas de negras gravas donde se cultiva, por especial sistema, una malvasia seca y unos vinos lanzaroteños excelentes que llegan escasamente a la Península de Iberia debido a su escasa producción, les recomiendo el Yaiza de botella azulada.


Los malpaíses son frecuentes en Lanzarote y otras islas, son extensiones enormes de lavas y piroclastos afilados, no se puede caminar por ellas, cualquier zapato que pretenda pisarlos se convierten en papeles en una máquina de navajas albaceteñas. En el malpaís no hay vegetación ni casi fauna, solo algún lagarto, era el lugar preferido de prófugos de la justicia y republicanos buscados en la guerra. Y ya que de historias estamos les recomiendo el clásico del Malcom Lowry “Bajo el volcán” una mezcla de exotismo, vida de diplomaticos y alcohol sin ambajes en el México de mediados del siglo pasado. La versión de cine es correta, lo cual ya es mucho y creo recordar que con un Robert Mitchum genial.
Si pasan cerca de un volcán sentirán una atracción irrefrenable que va más allá el raciocinio y créanme que los tiempos están para salirse de lo racional. Sólo los cuerdos son los que están atados con una cuerda.

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