Diario de La Graciosa (6): Pedro Barba.

La historia de Pedro Barba arranca a principios de siglo cuando un empresario canario decide instalar una pesqueria en el extremo nordeste de la isla. La idea de  disponer de una flota profesional a mano y la posibilidad de un puerto cercano al rico banco pesquero local, en el cual se integraría la factoría de salazones y la creación de un poblado para los trabajadores, prometía un aproyecto viable de vida. Pero las contingencias, el azar en forma de tragedia, acabó con el proyecto y las ilusiones de muchos gracioseros de tener un buen trabajo “cerca” de casa. Al poco de haberse construido el poblado, los hangares y almacenes, el muelle correspondiente su emprendedor moríria desnucado de una caída, por golpe de mar, en el interior de uno de sus barcos.

La decadencia comenzó, los pescadores tuvieron que volver a la subsistencia. De todo ello quedó un poblado quasi fantasma, el que prometía ser el segundo núcleo de población de la isla acabó siendo un poblado fantasma, abandonado. En los sesenta varios adinerados canarios optaron por comprar, por unas 14.000 pesetas en algunos casos, las cuatro paredes de cada casa. De esta forma Pedro Barba es hoy una urbanización de apenas algo más de una veintena de casas que por obligaciones de legislación, La Graciosa es reserva natural, mantienen las casas en una forma parecida a su estructura inicial y sin posibilidad de ampliarlas.

Son construcciones de cara manutención, solidificadas con masa de cemento formada con agua marina y ello las hace ser una auténtica esponja de humedad que obliga a un buen dispendio. En diciembre, o ahora en mayo, venir aquí desde la Caleta del Sebo, es un paseo espléndido bordeando las aguas turquesas y además podemos observar, a medio camino, el cambio de la zona arenosa más consolidada geológicamente a la zona plenamente poblada de explosiones magmáticas que varían del gris ceniza, al negro intenso y al pardo, una delicia. Se puede culminar ese paseo de seis Km de ida y otros tantos de vuelta con un baño excelente en su playita y espigón. Y como siempre en La Graciosa no dejen de sumergirse con sus gafas de buceo. Se darán cuenta de que aunque solitarios de humanos se están chapuzando en bellísima compañía. Aquí suele tostar sus municiones la ministra de Defensa, ya ven.

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