Diario de la Graciosa (7): Bestias huidizas.

Habrán comprobado, si son pacientes y constantes en la lectura de este personal diario, que la fotografía ocupa un lugar importante en el ajetreo diario de quién les escribe. Y pese a que siempre procuramos que este aspecto esté cuidado hay imágenes que se nos resisten largo tiempo. Los paisajes y la luz requieren paciencia, tiempo, observación, pero tenemos a favor la variabilidad que ofrece el estar enmedio del Atlántico sometidos a movimientos de luz insospechados. La otra tarde conseguimos uno de nuestros objetivos largamente perseguidos: pillar al cangrejo moro en su spa particular.

No fue sencillo hay que patear mucho jable, playa fosilizada y colocarse en la vertical de los rompientes y observar. El cangrejo no se anda con confianzas pues te detecta a quince metros, sus ojos ondean en 360 grados y a la mínima desaparece. Pese a parecer lento el movimiento de su cuerpo sus patas giran a considerable velocidad, una pista: a 500 o 650 sus patas te salen siempre movidas, sin detalle.

Esta vez nos hemos acercado más a él con una óptica potente, que añade dificultades de disparo en condiciones pero se lo ofrecemos en directo rabioso y mojado. Obviaremos las veces que nos hemos caído, los resbalones por esas zonas nos hacen concluir que es más sencillo cazar felinos en el Serengueti que sacar un cangrejo local de La Graciosa. Pronto hablaremos del último bicho que se nos resiste hace años: la hubara.

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