Diario de La Graciosa ( . . . y 11): Volver para ser atrapados.

Lo dice Michaux y se lo tomo prestado a Vila-Matas: ” Nada más seductor que una isla. No hay nada en el planeta, os lo aseguro, que se parezca tanto a una nube como una isla. Nos dejamos atrapar cada vez por ella”.

Hemos subido al volcán de Montaña Amarilla, hemos cruzado los Llanos nuevamente, hemos escuchado al mar en el auditorio de los Arcos y tantas tardes hemos descendido sudorosos hacia la Caleta, hemos perdido tanto el tiempo que hemos concluido que está es la única forma de vencerle, hacerlo tuyo, perdiéndolo miserablemente; escuchando la belleza de los ruidos mientras te escoltan los volcanes y se te entrecruza un pájaro solaz y juguetón. Hace más de doce años, seducidos por Lanzarote nos asomamos al Mirador del Río y concluímos que algún día visitaríamos La Graciosa. así fue, pero desde entonces es nuestro paraíso particular. Esta vez lo hemos compartido en pequeñas dosis de posts y concluimos no invitarles a nada sino a que saquen sus conclusiones, si lo consideran menester interior.

Echaré de menos el rumor suave de las aguas en la Caleta, el “alcalde” del bar El Veril que desde el otro extremo alza dos dedos significando que pone en marcha su insuperable cortado de café fuerte con leche condensada. Y los riscos imponentes que te aíslan, nunca mejor dicho, del otro lado de la vida. Pero ¿qué digo?, pronto volveremos y será en diciembre, como casi siempre. Para nosotros la vida tiene solo una línea, la que cruza Punta Fariones, es cuando el mar empuja el estribor y la proa encara el Río de mar y avistas las Agujas Grandes y en diez minutos estarás en la isla, en el paraíso.

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