«En el espacio nadie puede oír tus gritos»

El lunes se cumplen 30 años de este reclamo publicitario que estremeció a los presuntos espectadores. Alien, la maldita criatura, decidió entonces pasar a la galería de nuestros terrores más cinematográficos, se instaló en el museo de los horrores audiovisuales y la sola mención de su nombre retumba en la caverna de nuestro inconsciente de celuloide. Unos ruidos metálicos incadentes, una nave avanzada y tecnológica que puede controlar cuanto se mueve y habita. Pero no puede habitar en el camino del estómago al corazón de sus tripulantes, sólo constatar la certeza de que el horror se ha instalado allí.

Recordemos a la teniente Ripley cercenándose las meninges y derrotándolo, aparentemente, en la primera de la saga. Luego vuelven en plural, “Aliens”, llegó a suicidarse en “Alien 3”, Ripley no podía más. Pero en “Alien Resurrection” vuelve a la vida clonada por la bestia. Hermosa crueldad del guionista que muestra que el engendro también tiene sus debilidades y necesita de ella para seguir. Todo un clásico de la literatura, que saltando las tragedias griegas y la épica más ancestral aparca en el clásico de Merimée “Carmen” con aquella frase de “La mate porque era mía”. Alien la revive porque la siente suya.

A pesar de todo eso, 30 años después Weaver aún se plantea retomar el personaje que le dio la fama. «Siento que la saga aún no ha acabado para mí». Nos inquieta que una de nuestras actrices queridas todavía se despierte en las noches oyendo ruidos en el silencio, sudando la camiseta interestelar por una interpretación que tal vez no lo era y la transtornó definitivamente. A nosotros un poco también. Recuerden que en Londres hay un inmenso complejo en el que ustedes pueden revivir la situación con chaleco y armas, no se lo aconsejo, podría ser que nadie escuchara sus gritos, ni sus oraciones.

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