Cretinos con Power Point y publicidad.

La presentación de la candidatura de Juan Onieva a la presidencia del Real Madrid ha creado un fantástico precedente para quienes siempre hemos creído que la publicidad lleva un barniz y unas bambalinas que la hacen poco efectiva y que lejos del mito de las escuelas de negocios genera más pérdidas y es menos eficaz de lo que ella misma se vende. Ahí reside su mérito, establecerse como recurso económico de primer orden y que en la calle se repita lo de “lo es todo”, “marca formas de vida” y permanezcan en la sombra sus fracasos que están empatados a sus victorias.

En este caso  precisamente porque el encargado de tamaña idiotez era precisamente el directivo de una importante agencia madrileña, al parecer un tiburón del Manzanares llamado Martínez Blanco. Encumbrada y adorada, la publicidad sirve para mandar a la suspensión de pagos muchas empresas y para hundir muchos productos. En ese caso el producto era, vedaderamente, la propia persona que lo presentaba. Deseoso de impactar y de modernizarse se olvidó del target: el socio del Madrid quiere pasta, nombres y títulos y si salen las cuentas mejor, pero la prioridad son cracks y títulos.

Pero Martínez Blanco se dejó llevar por la prepotencia de muchos publicistas y apelando a frases del discurso de Obama, imágenes que no tenían ninguna relación con el objeto comunicativo: presentar a un candidato, y tirando mano de frases manidas dejó helado al auditorio. Un auditorio que en forma de periódicos y televisiones está absolutamente entregado a Florentino Pérez. Ha sido la forma más pública y el ejemplo más claro de esa otra idiotez conceptual que recorre las tecnologías, la de pensar que un auditorio sentado, con la luz teneue e imágenes impactantes, poco relacionadas o sobreponiéndose al impacto visual de un mísero Power Point ya son comunicación y lo demás son zarandajas. Lo único que ha hecho esta presentación es recordar una problemática terrible: Hace años, demasiados, que asistimos a charlas, presentaciones y conferencias vacías, sin una estructura de comunicación adecuada, llenas de palabras y parcas en imágenes o sobrecargadas de las segundas sin apenas hilo verbal, sin discurso.

Pero hace moderno, cool y 3.0. Díos mío, hay una estrategia comunicativa muy simple: escuchar y mirar a la cara de tus conferenciados o receptores, escuchar qué preguntan y luego deducir el impacto verdadero del mensaje. Gracias al fútbol nos hemos dado cuenta de los padecimientos comunicativos que a lo largo y ancho del mundo asistimos miles de ciudadanos.

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