El día que la ciudad era fiesta. (Album-web fotográfico)

Se veían disfraces de todo tipo, pasión por el merchandising, poca tontería reivindicativa y simplemente se trató de felicitar en olor de masa, chusma, turba, rufa a los magos del balón. La ciudad vibró en cada rincón. El porrero subido al monumento ofreciendo su corazón, el chino indiferente, el chino forofo, el macarra de las Ramblas, el carterista de la calle de Pelayo o el turista sorprendido. Fue un agradecimiento de 800.000 personas a sus chavales. Ellos estaban cansados, rendidos de un final de temporada agotador, se ve en las fotografías. No se pierdan la oficinista funámbula que arriesga el pellejo a cinco pisos del vacío, el Guardiola que ya medita qué hacer con el 2010, o el Estiarte que reconoce al viejo fotógrafo del OusFerrats. Y pensamos que a algunos de ustedes les pueda interesar esa visión, nunca mejor dicho, del momento.

REPORTAJE WEB FOTOGRàFICO

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