Gotas de letras: Humo de libros quemados en A Coruña.

” Los libros ardían mal. Uno se movió en la hoguera más
próxima y a Hércules le pareció ver que de repente abría en
abanico las frescas agallas de una branquia de abadejo. Otro soltó
un fragmento incandescente que rodó como un erizo de mar
de neón por los escalones de una escalera de incendios
. . .”

Convendremos que hay ciudades que tienen una gran novela como escenario y que ello llega a influir en los lectores lo suficiente como para plantearse su pateo. De todas las novelas u obras de ese formateo les confieso que el Ulises de Joyce me impacto tanto por su escritora como por el marco urbano, lo mismo pasa con Dublineses o esa crudeza de Las Cenizas de Angela de Franck Mac Court. Hoy les recomiendo para el verano una obra maestra de veras, saben que casi nunca usamos ese calificativo. Pero me viene a la cabeza después de acabar “Los libros arden mal” de Manolo Rivas.

Algún día la ciudad de La Coruña deberá de agradecerle la creación de esa gran novela. Literalmente paseas por La Coruña de la guerra civil y te empapas de sus personajes y de las maneras de vivir, sobrevivir o sobremorir al alzamiento del 18 de julio de 1936. Eso sí, la obra tiene dos contraindicaciones evidentes. La primera es que es poco recomendable para lectores que gustan de “entretenerse”, la estructura de este tipo de libros, los de entretenimiento, la hemos calificado muchas veces de “guión televisivo”. Ya saben que ahora un ángel jugando, una chica con un bidón y cosas de ese tipo ocupan al lector medio. La segunda contraindicación creo que es para aquellos que desconocen Galicia como paisaje y paisanaje, pero no obstante si ustedes valoran las imágenes literarias bien construidas láncense a ello. Se lo recomiendo, La Coruña tiene su propio Ulises de la mano sensible y acariciante de la prosa o la poesia de Manolo. Comprueben como describe personajes, lugares, momentos y no busquen una acción encadenada. àbranla, engancha, no tengan prisa, pueden reemprenderla en cuanto quieran, zambullirse en ella es empezar a oler a sardina y lejía, a fritanga y a semen, a río y a un humillo que te envuelve, que hueles distinto, que nunca percibiste. En la hoguera de los libros vuela el humo de la memoria y la cultura. Gracias Manolo !

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