Michael Jackson, ¿Hay vida antes de la muerte?
Aquí, en la redacción, el sobresalto cundió anoche. El rumor se hizo veraz y Miguel, para nosotros siempre será Miguel, se bajó en marcha del taxi de la vida. Hace unos meses hablábamos de él y de su retorno. Aunque sabíamos que tal vez no sería el mismo el mero hecho de ver a Miguel sobre el escenario nos estremecía, durante los 80 y algo de los 90 nos despertaban unos zombies tremebundos que llenaban de música los patios, solo llegaba la paz y la felicidad cuando de esa masa pestilente emergía esa gacela alargada que desafiaba la gravedad. Los videos de Jackson ya estaban en el Olimpo del video clip, género emergente entonces. 
Ahora nos va a venir una cascada de noticias, retransmisiones de entierros y funerales. Pero como todo en el rey del Pop su exéquias arrasarán en comparación a los tres grandes entierros del siglo pasado y de la historia de la locura artística de las masas: el de Rodolfo Valentino, brutal, era la primera vez que tantos perdieron la cabeza por dolor, el silencioso dolor de Buenos Aires entero acompañando a Gardel al último agujero o la desesperación de América por un Elvis obeso y empastillado al que solo le quedaba de atractivo la voz. Michael Jackson se marcha. Quizá compró el tiquet para la vuelta él mismo, quizá su vida, si a eso se le pudo llamar así acabo con todo fuera del escenario y solo era una sombra. Nos resucita la pregunta de un grafitti americano de los 70: “¿Hay vida antes de la muerte? “, para Miguel menos de la que pareció.
