San Brandán y la búsqueda del Paraíso (1)
Lo que en la noche original se llamó Atlántida o Jardín de las Hespérides, fue luego -para griegos y romanos- ultimo refugio de Saturno y más tarde, cuando el cristianismo desplazó a las antiguas religiones, sede del Paraíso Terrenal. Fue en esos entonces lejanos cuando todos se esforzaron por darle una ubicación de coordenadas y siempre, por lo que sea, ya casualidad o displicente reiteración, lo situaron en el horizonte atlántico. El ciclo de San Brandán y las siete ciudades es la última de las leyendas sobre un posible arquetipo atlante. Sus versiones provienen de diferentes de lugares atlánticos, dolménicos y emparentados con la cultura sumergida: Bretaña, Irlanda o litoral cantábrico.
En el panteón de Godofredo de Viterbo se halla esculpida una de las versiones: Unos monjes partieron de la costa bretona con rumbo al paraíso (lugar entendido y ubicado en el confín del océano). Llegaron a una ciudad con murallas de cristal donde el aire era fragante. Ciervos de plata y caballos de oro bajaron a darles cumplidos de bienvenida, les condujeron a un árbol en cuyas ramas había más pájaros que hojas. Un día entero les fue permitido pasar en el paraíso. De vuelta a Bretaña los monjes buscaron en vano la iglesia en que antes sirvieron. Había un nuevo obispo, un nuevo pueblo, una nueva grey. Las cosas viejas habían muerto y habían nacido otras nuevas. No conocían ni a los hombres, ni a los lugares, ni el lenguaje. Derramando lágrimas se contaban sus cuitas unos a otros, pues ya no tenían patria ni gente conocida.
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