San Brandán y la búsqueda del Paraíso (y 2)
Otra versión es la irlandesa: San Brandán, abad de Cluainfert, con tres mil religiosos bajo su férula, se entera de que Mernoc, ahijado del monje Barintius, ha descubierto el Jardín de las Delicias en medio del océano. Entusiasmado convence a catorce hermanos de la comunidad para que le sigan en la búsqueda del paraíso. En su primera escala construyen una barca de cuero. Llegan a un arrecife abundoso en árboles cubiertos de pájaros blancos. Brandán habla con ellos y se asoma a su destino. Cita Sánchez Dragó que también Noé hablaba con un cuervo y fue éste quien trajo al Arca la prueba de que las aguas se retiraban. Seis años durará el periplo de Brandán y sus hermanos; y otras tantas veces volverá para celebrar la Pascua en el Paradisus Avium. Los monjes se conceden cincuenta días de descanso antes de volver a la mar y vagan por ella tres meses enteros hasta desembarcar en una isla inmensa.
Un anciano silencioso los conduce a un monasterio donde veinticuatro ascetas viven en riguroso mutismo. Cinco veces viene y va Brandán de la isla de los pájaros a la isla de los mudos. Al cabo de siete años, cifra hermética de Ulises, los peregrinos celebran su última pascua en el Paradisus Avium y llegan a la Terra Repromissionis tras surcar el océano de tiniebla que los separa de ella.


