PALQ (9) Y la Benemérita se hizo verbo.
-Lo primero Yemas es que tú, tú, chitón pa siempre.- Me daba miedo el Chozas, su voz no era la de siempre y usaba expresiones que no le eran habituales. Casi me ordenó que escuchara, que aquello iba a ser largo:
-Mira Yemas esto no es lo que te crees, no yo estoy chalao, ni éste- señalando al Rana-lo es tampoco. Nosotros trabajamos para la Benemérita, ¿me entiendes?
Yo asentía cagado, creo que la cara se me estaba poniendo blanca porque el Rana me dió una palmada en la rodilla y me invitó a estar “tranqui”.
-Mira, aquí se maneja mucho, en el barrio, y cuando digo maneja no me refiero a dinero. Me refiero a que somos un grupo de información que trabaja cubriendo la sombra de los alpargatas. Los Mossos esos. Nuestra labor es seguir pistas que conduzcan a ver la relación de los secretas de los Mossos con redes políticas asentadas aquí.
Se mosqueó al ver que yo con cierta seguridad relativizaba su información. Me cortó el gesto rápido.
-Cuidado, aquí no todos son hindúes o de Bangla Desh o paquitos de los pakis. Aquí tenemos Caedas de verdad, redes que funcionan en el Raval y aquí aparcan imanes y lanzaderas. ¿Qué te crees que se tragina el del restaurante de la esquina con Vilamarí? Con su peluco de oro sonriente todas las mañanas, hablando en la terraza, ni Dios se sienta a tomar nada, eso se aguanta con . . .
-Putas Chozas, con putas.
-Je chavalín, eso es lo que tapa lo otro.- Rana se puso de pie:
-Joder Chozas corta que lo que haces es comprometer al chaval.
-Mira Rana, el chaval sabe de que hablamos, tengo papeles de él: CNT, Scala, Acción Comunista, PCI, LCR; y no de borrego.
Entonces me acojoné de veras, sabían demasiado, ¿Porqué narices me encontraba metido en una ayuda de fuga al manicomio y con dos miembros del servicio de información de la Guardia Civil colegueándome? ¿Eso eran las vueltas de la vida? A mi me parecía una montaña rusa con disparos.
-Bueno, a ver, aquí nadie va a presionarte, solo te pedimos silencio. Eres buen tío, legal cantidad, te has mojado el culo más que nadie del bar, pero ahora debes olvidar todo esto y cuida de no meter la pata cuando me deje ver por allá. -Se levantó, sacó unas fotos de un sobre y me dijo:
-Mira, el Cerdin, el abuelo de la cafetera. Ese tío ha vivido en Líbano como periodista de France Presse, pero en realidad es Ramón Marqués, fue miembro del KGB, no está retirado, gestiona la pasta de los dos bares, el chino y el paki. Pero los chinos son una tapadera, venden materiales a la red de los integristas, es un interés comercial, pero saben que les pueden saltear los huevos como se desmanden. Nuestro trabajo es éste, tú sigue con el tuyo, pásate por el bar y piensa que jamás pasó todo lo que ha pasado. Tú no sales en informes actuales, no nos interesas, te aprecio chaval y no me hagas que tenga que vender el cariño que te tengo, tienes buen corazón y eso siempre lleva a la idiotez, cuidado.
Bajé las escaleras compungido, la realidad me acababa de dar un revolcón y dos cornadas. Los civiles me habían engañado bien. Luego fueron legales, pero no sabía donde meter mis convicciones, pues incluso en el chaparrón revelatorio que me dieron se mostraron algo afectuosos y no sé si auténticos, no, eso imposible, su trabajo les impedía mostrar ese tipo de cosas. Me convencí de que no eran ni conocidos, sino que mi jeta podría peligrar. Lo pensé como un vínculo con el infierno, me sentía como el tipo al que venden la botella con el diablo dentro, en el fascinante cuento de Stevenson, y se va feliz y acojonado pensando en que, de romperse, su alma sería arrastrada a la nada sulfurosa del llorar y el crujir de dientes bíblico que tanto me impresionaba desde que la oí en misa.


