Cuando el otoño se resiste a morir
Antes de que la becada se retire a su refugio, mientras el buitre o el halcón esperan una térmica escasa para ascender hacia las nubes entre las brumas frías, en el momento en que el camposanto de hojas extiende su mortaja de colores que anuncia el invierno; a los pies de las hayas, los robles y entre abedules dos redactores decidimos entregarnos a los sherpas que nos llevan hasta los dosmiles.
Y en ese recorrido nos entregamos a la pasión del paisaje, emergemos de las nieblas matutinas y nos embelesamos, mientras subimos, con la cromatocidad asombrosa de un otoño que, anunciado su fin, se resiste a morir sin dejar rastro. En el descenso el invierno hinca su dentellada en forma de granizo y nieve anunciando su proximidad. Desde las alturas de la pasión por el color les mandamos este primer álbum dedicado a ustedes. El paseante se retira en la puesta, después de todo lo narrado. Y ahí, en el cielo y en el campo queda un instante de color casi propio del paisajismo inglés. Y nos hemos propuesto compartir su belleza.


