Hablamos con los buitres
Es ese efecto que la altura suele generar: una terrible atracción por el abismo. Eso mismo nos ocurrió cuando los redactores del Ous, acompañados de nuestros sherpas, paseamos por los limes donde acaba la altitud y fue ahí, en ese momento mágico cuando lejos de quedarnos solamente embelesados por los abismos repletos de colores y neblinas; cuando aparecieron tres buitres juguetones que se prodigaron en un festival de vuelos velocísmos. Fue uno de esos instantes en que la luz y las neblinas conjugaron un azul semitormentoso espléndido y que se convirtió en el telón de su actuación. Memorable, pero aún dudamos de que fue más hermoso, en el momento su velocidad su vuelo estilizado sobre el valle y las sierras inmensas. Luego, aquí en el ordenador reprocesando y reencuadrando nos volvimos a embelesar con la belleza de las nubes que fue imposible de apreciar cuando el ojo y visor corren a gran velocidad sobre el trazo en el aire de los bichejos. Fue más tarde cuando uno de ellos nos siguió hacia otra zona para cerciorarse de que no éramos comestibles o simplemente para escuchar el inmenso “gracias” con el que le despedí y que sentí correspondido con una bajada en círculo que volvimos a detener. Me acorde de Kondrad Lorenz ,el gran etólogo, y el título de una de sus obras: “Hablaba con las Bestias, los Peces y los Pájaros”. Les dedicamos esta web para compartir esa sana locura que la luz nos propició.

