Fotografía bélica de retaguardia.

Se llama José Pequeño, es un soldado norteamericano que ha perdido en Irak el 40% de su cerebro. Es un recordatorio vivo de los 55.000 heridos que ya acumulan los EEUU en la guerra de Irak. A ello hay que sumarle 4000 muertos. El drama irakí tiene un poso que se extiende más allá de la noticia diaria. Pero ante todo hay una heroina en esta historia. Es ella, ojerosa, consistente aunque desgarrada, se llama Nelida Bagley y jamás imaginó; como nadie lo puede imaginar que ,en su vejez, la vida le depararia este golpe de dolor continuo. El destrozo de sus sueños y la evidencia de que ya nunca su hijo será lo que tal vez soñó ella en una tarde de otoño, sentada en el porche viéndolo marchar joven, alto y lozano. Por eso sufrió cuando él, miembro de la Guardia Nacional de Massachusets se ofreció voluntario para el infierno irakí. El primero de marzo de 2006 su coche fue asaltado con una granada. Lo salvaron, dicen, pero la parte izquierda de su cerebro la hallaron en la arena. Se marchó un hijo y le devolvieron un vegetal.

Esta cruda fotografía forma parte del proyecto del fotógrafo Eugene Richards que ha salido con su cámara al encuentro de las historias posteriores a la guerra. Richards prepara un nuevo libro sobre esta historia, el título: ” War is personal”.

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