El referéndum de la Señorita Pepis.
Tengo la suerte, no durará, de vivir en una ciudad catalana que todavía no ha hecho su referéndum para simular decidir una hipotética independencia. Sin duda no me temblará el voto en la mano y lo echaré a la papelera que suele colocarse junto a los buzones de mi escalera. Claro es que ser catalán puede verse como una suerte o una cosa de poca ganga. Aprovechando el cabreo popular, que lo hay, la reivindicación independentista va extendiéndose más allá de los quinceañeros y eso hará que muchos catalanes hasta las narices de tanta reforma estatutaria, de tanto TC y de tantos ataques a nuestra lengua, no duden en jugar al Monopoly de la política que proponen una serie de organizaciones y "personalidades" que aprovecharán la consulta para medir las posibilidades de crear candidaturas electorales pro independencia en las próximas autonómicas.
Luego, caso de entrar en el Parlament, dirán que ha sido un gran paso y empezarán a cobrar y punto. Es así, por eso mi vecino Eugenio me pide la opinión y se la doy. Fácil, no hay nadie que haga una mirada a la situación actual de Catalunya: corrupción interpartidos, gente que entra y sale de la Audiencia Nacional, padres de la patria y patronos de iniciativas culturales aumentando sus cuentas corrientes y las de la família . . . y encima una abstención electoral ,seguida en dos convocatorias, que supera el 59%. pero aquí se trata de distraer, de hacer estudios sobre la "deasafección" del ciudadano catalán, pero nada de nada.
Por eso el referéndum de la señorita Pepis aprovechará, para los intereses de nuevos grupos de politiquillos que con él se autopromocionan, para hablar de éxito cívico y participación. Los partidos callan lo justo y esperan. Nadie mejor que un catalán para decidirse cuando algo va en serio. Todo el mundo sabe que eso son mentirijillas y que de toda la vida las encuestas no le dan a la independencia más que un 22-25% de síes. Ser independientes no nos haría más sabios, más listos, más justos o más nobles. No, a mi me dan igual los estafadores con montera o barretina, con crema catalana o con cocido montañés. El resultado es el mismo.
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