Cuando el Duomo te da en los morros.
Nada más impresionante de Milán que su fantástico Duomo (domus Dei) la casa del Señor. Supongo Silvio que estarás reponiéndote del incidente de ayer en el hospital. Me imagino tu móvil colapsado por las llamadas de amigos poderosos de todo el mundo. Esperamos todos que esto no vaya a más y se quede solo en un susto gordo. No te mires más al espejo, deja pasar unos días. Tu carácter no se merece esa imagen lesionada, sangrante y disoluta en la que pareces un macarra reconvenido por el proxeneta del barrio de al lado. sabes que estas en buenas manos, que tu jet privado ya ha traído a los pies de tu cama al cirujano plástico más hábil de América. Pero no entiendo porque te lanzas esta pregunta a la cara: ¿Porqué me odian?.
Sí, es una interesante pregunta, pero no le des vueltas; esto está lleno de desagradecidos que no entienden de leyes como tú, precisamente ahora que preparas una ley que te hará Dios, porque serás el único mandatario mundial exento de rendir cuentas ante nadie. Seguro que como buen católico piensas que ya te las pedirá, cuando sea la hora, el Creador. Tú no ibas a ser menos. Piensa solo que quién te juzgará, según tu fe, tiene casa y morada excelsa en Milán: el Duomo. Y ayer fue una réplica devota del mismo la que restalló tus morros después de otro de tus discursos apocalípticos. Me pregunto si el presunto loco que te agredió no sería un ángel mandado por el mismo que habita allí. Ya sabes que Dios aprieta pero además ahoga un poco a veces, este no ha sido tu año, a veces las cosas no salen como queremos. Piensa que eres tan grande y tan omnipotente que tal vez el mismo Dios te haya mandado un recado para aplacar tu soberbia. Sé que te molestará lo que escribo, pero a veces es necesario ponerse a salvo de uno mismo y sin duda un buen reposo te ayudará a reflexionar. Reposa, lo necesitas. Italia reposará, también.

