PALQ (13) Volver distinto

La vuelta hasta me parecía atractiva, los días del delta, con Truñó y sus cosas me habían puesto ante el espejo. Por un lado era más consciente que antes de que me había metido en un entuerto, de que habían casualidades de las cuales puedes morirte de risa o simplemente morirte sin más. Pero los consejos de Truñó me hacían ver una posibilidad de defensa, me había resituado y me sentía con fuerzas suficientes para girar la situación, en definitiva se trataba de que yo era quién debía contrainformarse o como decía Truñó estar más informado por si hay que pasar a la contra”.

Volví a mi trabajo, el director de la oficina no desaprovechó la oportunidad de tener una entrevista de bienvenida conmigo. Ildefonso Artiles, cercano a la sesentena, un luchador empedernido contra el estropicio irreparable del tiempo. Un velero en el club Náutico, gimnasio y lo que hiciera falta. Se había operado dos veces los párpados, nunca quedaban como el quería. Dos separaciones, una en Argentina, otra aquí. Cinco hijos esparcidos por el mundo, demasiadas aventuras con jovencitas y cuarentonas. Ahora hacía seis años que convivía con una locutora de radio a la que llamaban la novia cadáver” por la de operaciones estéticas que llevaba encima.

Era una especie de marqués de Vilallonga engominado, era mi jefe desde hacía años, me necesitaba para los temas de auditoría, era su punto flaco y ese flanco era el que, bimensualmente, la entidad revisaba a fondo. Me lo permitía todo, pero esta vez lo vi algo escéptico.

-Te encontrás bien muchacho, te veo mejor que al partir, ¿Cómo anda todo por tu familia?.
-Gracias señor Artiles, la verdad es que mi tía está mejor y yo voy recuperándome de la bronquitis. Han sido unos días en Tarragona los que me han dejado como nuevo . . . el mar, la família . . . todo ayuda, pero ya tenía ganas de volver al pie del cañón.- Se levantó sonriente al oír esta última frase y no dudo en darme unas palmadas en la espalda.


-Bienvenido, ordene lo que vea en su sección, en dos semanas tenemos inspección de la central y contróleme la becaria, dudo de su empuje, estando usted aquí ya estoy tranquilo.

En la sucursal había pocas novedades. Alicia, la interventora, luchaba contra una fibromialgia que poco bueno hacía presentir. Durán, el cajero, seguía escaneando a toda fémina que pasara por allí y a las once y a las trece te lo encontrabas en los vestuarios sirviéndose su dosis de whisky inaplazable. Sus manos estaban más rojas, arrastraba las vocales en demasía, las consonantes se le pegaban al labio superior. Eso ya no era, como antaño, producto de colocón transitorio. Era el síntoma de que sus excesos con el alcohol ya estaban consolidando una lesión neurológica. Lucía era la nueva becaria, una pija cum laude, algo forzada, pero era plenamente eficiente excepto cuando debía explicarse, entonces la inseguridad la atenazaba y parecía una inepta. Volví plenamente a mi tarea, trabajar me daba un orden del que estaba falto hacía tiempo. Los días pasaban sin darme cuenta.

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