Haití: Un siglo de seísmos ignorados.

La tragedia, la catástrofe, todos los elementos apocalípticos han caído sobre Haití. La tragedia empieza en el silencio cómplice de todos los estados que hoy mandan medios y viene de la noche de los tiempos oscuros de Papadoc, que es como se conoce al padre de toda esa obra monstruosa: una pobreza rechinante, una mortalidad infantil desmesurada y unas legiones fascistoides apodadas los tontomacoutes que entre el terror armado y la manipulación del Vudú ahogaron en sangre. En su país, Duvalier utilizó tanto el asesinato como la expulsión para eliminar a sus adversarios políticos. Se calcula que fueron más de 30.000 las personas asesinadas. Los ataques llevados a cabo contra Duvalier por algunos militares fueron reprimidos con una especial dureza; en 1967 la explosión de algunas bombas en las cercanías del Palacio Presidencial acarreó la ejecución de veinte oficiales de la Guardia Presidencial. pero le sucedió su hijo y cuando éste fue derrocado se desenterró el cuerpo de Papadoc, apodado así por ser médico, y fue apaleado brutalmente.

foto Alice Smeets

Luego hubo otras visicitudes como el período de Jean Bertrán Aristide, los sucesivos golpes militares y la desidia con la que Francia explotó la sucursal colonial. El resultado era la herrumbre humana más descomunal. Sobre esa herrumbre el fondo del mar se abrió para lanzar un siete de la escala de Richter, que es tanto como el dedo de Dios entrándote por el trasero en barrena. A esos oídos sordos de la política internacional Haití se les presenta como una gran ocasión de mostrar su bondad. A los humanos de veras se nos antoja que la catarsis mediática que está lloviendo va a seguir en forma de diluvio.

Cuando se acabe, sin problemas, será el día que decidan restringirnos las noticias, volveremos al pánico en los aeropuertos: otra espléndida manipulación que desde el 11-S recorre el mundo y hace que nos agachemos, nos bajemos los pantalones y nos fría el nuevo escáner de aeropuertos, otro gasto más de probada ineficacia. A veces sueño que pillo a los jefes de los G-20 y les hago Vudú entrando la primera aguja por su retaguardia. A veces, más de las que digo, deseo profundamente que esa fuerza destructora omnipotente; que es la naturaleza en estado puro se desencadene solo sobre ellos y nos deje a los pobres vivir en paz, que es lo mismo que vivir sin ellos.

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