Cementerios del paro
La carne de obrero se vende a buen precio, hay que echarle de comer al monstruo de la crisis y sea como sea las consecuencias humanas y sociales importan poco. No solo eso: en España tenemos, entre otros, el caso de Díaz Ferran, el presidente de la CEOE, agrupación de empresarios, que es capaz de tener a la vez una línea aérea vendiendo reservas de billete cuando ya hace 48 horas que un mandato judicial les exige cerrar. Pues también han arramblado con los ahorros de miles de emigrantes que han trabajado duramente para visitar a los suyos después de muchos años. No importa. El golpe de estado financiero dado por los bancos americanos de 700.000.000.000 de dólares sigue adelante, lo nunca visto; un golpe de navaja al cuello del estado para seguir haciendo lo mismo que estaban haciendo. Las réplicas de este tsunami se multiplican y nuestro país no es menos. Todavía quedan estrechos que no admiten términos como capitalismo o obrero y todavía en España parece una idea pre comunista. Lo cierto es que la carne de obrero es barata.
La reflexión viene al caso de esta muestra de la obra de Weng Fang, un artista chino que ha decidido crear instalaciones que homenajeen a los obreros de las megalópolis chinas. Ya sabemos, aunque no comprendemos, el sentido del trabajo de tan antigua moral oriental. Ignoramos si ha hecho lo mismo con los mismos que cayeron en su construcción a tiro de horario nocturno, inseguridad o enfermedad laboral. Lo cierto es que, a quién escribe, la imagen le sugiere ese cementerio inmenso de recursos en que se ha convertido el paro en el mundo. Podría inspirarse el hombre en los guerreros de terracota famosos. Lo cierto es que los parados son un ejército que no debería dejar a nadie indiferente.

