La leyenda del santo bebedor
La leyenda del santo bebedor es un relato, relativamente breve, del escritor Josep Roth. Esta obra posee el aura mítica de ser la postuma de las escritas por este hombre, nativo en el entonces imperio austrohúngaro, y que falleción en París en 1939. Es un cuento maravilloso en el que su protagonista, un clochard de las orillas del Sena recibe la visita de un trajeado caballero que le encarga una misión, que acepta: entregarle doscientos francos a una santa de la iglesia de Saint André de Batignolles. El protagonista, el vagabundo Andreas Kartak, inicia un recorrido insesperado, infrecuente y sorpresivo.
De su mano recorremos dos caminos paralelos: la ida en el París de finales de los treinta desde la orilla pestilente del Sena hasta los pies del altar de la santa, objeto de devoción en el París, era poco París, católico de entonces. Pero junto a ese camino, que mejor metáfora que la del vagabundo, encontramos la incerteza humana, la caballerosidad, la palabra dada, el incumplimiento, la conspiración, la violencia, la debilidad, todo a su momento. Se lee prácticamente en una tarde.
Pero la edición de Anagrama contiene una pequeña joya añadida : el prólogo de Carlos Barral sobre el vino, sobre la percepción del mundo que da el alcohol. Barral, ducho en ello, da una lección a los abstemios y los condena al éden de su perfeccionismo a la vez que reitera su desprecio e intolerancia a quienes jamás han vivido ese punto de lucidez que da una buena copa. Elegía de Baco no lo es, pero casi, en todo caso una repriemenda anticipada a lo politicamente correcto. pero que no nos distraiga el prólogo, es un cuento que merece ser leído. Barral se despide con esta rotunda apología del zumo que portea Baco: “De cómo el vino transforma el mundo, cambia sus leyes, todas, incluso la virtud de los santos, para hacerlo habitable y agradable a los que creen en él.”
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