Vuelven las oscuras golondrinas conservadoras.
No hay duda, una corriente mundial poderosa que fraguó cuando la foto de las Azores, asola los medios de comunicación. Los grupos religiosos norteamericanos, la corriente conservadora inglesa, inversionistas de multinacionales y sectores ligados por intereses supranacionales. El objetivo es claro: invertir tendencias sociales de opinión de cara a dar un empujón que hagar caer a Obama, acelere la crisis social, mantenga alto el fuego militar (que quiere decir la factura armamentística) y baje a segunda división el poder ya escaso de Europa. Las cosas les van bien: Obama ya está contra las cuerdas, Zapatero resopla antes del puntillazo, el movimiento mundial de conferenciantes, envenenadores y propietarios de medios manda sus empleados a dictar sentencia. Aznar el 7 de febrero afirmaba en Pozuelo que "luego resultó que en Irak no había armas de destrucción masiva y yo fui el primer perjudicado", una lección de cínica insinceridad. Por su parte Tony Blair, otro de los de la foto, se justificó con orgullo y suficiencia ante una serie de diputados, que no jueces ni abogados, de una comisión parlamentaria blanda ante la que casi pidió un homenaje a su firmeza, entendiendo por ello el invadir Irak.
La derecha se frota las manos, los gobiernos democráticos sudamericanos empiezan a sucumbir, ya cayó el de Chile, no saben qué hacer con Chávez y hace tiempo que buscan un escándalo para Lula. Por su parte Rupert Murdoch, el magnate mediático británico, pone cera a los esquíes ante la pronta victoria conservadora y la idea de renacer del movimiento antieuro. El propio Aznar ayudaba a la concordia cristiana afirmando que hay que estar unidos con la comunidad judía para luchar contra la arrogancia de la religión musulmana. Visión preclara de estadista, nada que añadir.La oligarquía mundial nunca ha bajado la guardia y ahora les parece que hay que lanzar un nuevo impulso que acabe con las situaciones que la democracia y el voto ciudadano han designado en Latinoamérica, EEUU y de rebote en Europa. Es inevitable asistir a la descomposición de las respectivas izquierdas socialdemocráticas presas de la corrupción y la falta clara de llamar a las cosas por su nombre. España es una estación más de ese tren que recorre el mundo.
No related posts.
Aún no hay trackbacks.
